Argentina recibió anuncios de inversión por U$S 7.000 millones en minería en siete meses…y U$ 0,00 para Minería urbana…

Los anuncios de inversiones realizados en el sector minero en Argentina ascienden a U$S 7.000 millones para el período 2017-2018, cifra que refleja una aceleración en el flujo si se compara con los U$S 10.000 millones que se recibieron entre 2007 y 2015.

Así lo destacó el subsecretario de Desarrollo Minero, Mario Capello, tras participar de la Feria China Mining, que desde hace 18 años reúne en la ciudad de Tianjin a las principales empresas y líderes del sector minero de Asia y el mundo.

Capello señaló a Télam que el flujo de inversiones en el sector es “resultado de los cambios en las políticas sectoriales y macroeconómicas llevadas a cabo por la administración del presidente (Mauricio) Macri”, como la eliminación de las retenciones a las exportaciones mineras, que se concretó en febrero de este año mediante el Decreto 349/2016.

“La visita a la Argentina de varias de estas empresas antes de fin de año es el resultado concreto de una enorme expectativa generada por el liderazgo del presidente Mauricio Macri y las medidas impulsadas para recuperar el clima de inversiones”, expresó Capello.
En el evento, el subsecretario estuvo acompañado por el diputado de la provincia de San Juan Eduardo Cabello; el presidente del Servicio Geológico-Minero Argentino (SEGEMAR), Julio Ríos Gómez; el secretario ejecutivo de dicha entidad, Eduardo Zappettini; y la Embajada de la Argentina en China.

Al participar de la ceremonia de apertura de la Feria, Capello mantuvo una reunión de trabajo con el viceministro de Tierras y Recursos de China, Cao Weixing, en la que ofreció una presentación sobre oportunidades de inversiones en el sector minero de la Argentina y, por la tarde, fue orador en el Foro de Ministros.
En el marco de la reunión mantenida con el viceministro, las autoridades chinas y argentinas coincidieron en la necesidad de profundizar los acuerdos de cooperación ya firmados, concretar un mapa geoquímico de baja densidad y de recursos minerales.
Asimismo, se le ofreció a la Argentina la posibilidad de transferencia de tecnología para mejorar sistemas de teledetección remota, impulsar la cooperación entre empresas mineras de ambos países, intercambiar información respecto del marco jurídico y regulatorio y la realización de un Foro Sino-Argentino de Minería.

En ocasión de la presentación sobre oportunidades de inversiones y durante su participación en el Foro de Ministros, Capello hizo hincapié en el potencial minero de la Argentina y en los incentivos para la inversión minera en el país, destacando la estabilidad fiscal de la inversión por un plazo de 30 años, la eliminación de los Derechos de Exportación, la libre importación de los bienes de capital necesarios para el desarrollo de nuevos proyectos, la normalización del sistema cambiario, la libertad para el giro de utilidades, y el Derecho de Propiedad Pleno que se otorga a la empresa descubridora de una mina, entre otras ventajas.

La visita a la Feria se dio luego una intensa agenda, que comenzó el lunes pasado con la realización de un Seminario de Negocios y Oportunidades de Inversión en la Embajada Argentina, y siguió con reuniones con las principales empresas e instituciones mineras de China: China Jinchuan Investment Holding Co, Ganfeng Lithium, Shandong Gold, Sinosteel, China Nonferrous Metal (NFC), MCC International Inc., Minmetals y China Gold Association, entre otras.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), las exportaciones mineras entre enero y julio de este año totalizaron U$S 535 millones, que superaron en un 32,8% los U$S 403 millones exportados durante igual período del año pasado, y fueron impulsadas por la eliminación de las retenciones al sector dispuestas por el Gobierno nacional.

En febrero de este año, mediante el Decreto 349/2016, el presidente Mauricio Macri eliminó las retenciones a las exportaciones mineras, que regían desde diciembre de 2007 y con las que el Estado recaudaba 233 millones de dólares.
El Gobierno consideró que las retenciones desincentivaban inversiones, dado que “la incidencia negativa de los derechos de exportación sobre las operaciones mineras en marcha excede considerablemente los beneficios que se generan para el erario”.

Al anunciar la medida, Macri sostuvo que las restricciones para las exportaciones mineras “violaban las reglas de juego”, y aseguró que su eliminación serviría para “fomentar el desarrollo” de la producción en ese sector, pero “en absoluto respeto del medio ambiente”.

Proyectos de mini-refinadoras

“We are all micro mine owners.” This is the mantra preached by Veena Sahajwalla, a materials scientist at the University of New South Wales who wants to fundamentally change how we perceive our electronic waste: not as trash, but as treasure.

Electronic waste, or “e-waste”, is full of valuable resources: a tonne of mobile phones, which is roughly equivalent to 6,000 handsets, contains about 130kg of copper, more than 3kg of silver, 340 grams of gold and 140 grams of another precious material known as palladium.
“We have almost 25m mobile phones just in Australia,” says Sahajwalla. “And these are the ones not in use.” Add to that the huge numbers of TVs, computers, tablets and appliances laying around our homes and that’s a lot of opportunity. Unfortunately, we’re not capitalising.

Globally e-waste is an intensifying problem. Between 2009 and 2014, the amount of e-waste generated worldwide doubled, hitting 42m metric tonnes per year. According to a report by the United Nations University, the combined estimated value of the resources embedded in that waste was A$69bn (US$52bn).

Yet less than one-sixth was diverted to proper recycling plants.

E-waste is challenging to recycle because it contains a spectrum of mixed resources, but also toxins such as mercury, arsenic, chromium and lead.
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Australia is one of the world’s largest generators of e-waste, producing more than 15.2kg per inhabitant each year. Regionally, Oceania is second only to Europe in that metric.

Safe recycling of e-waste in Australia has traditionally been limited to high-cost, industrial-scale smelting facilities. Despite efforts to improve management, huge amounts of e-waste still end up in landfill, where toxins can leach into the environment, contaminating soil and groundwater, and posing public health risks. The charity Clean Up estimates that just 10% of the seven million TVs and computers purchased each year in Australia are recycled correctly.

Large amounts of e-waste are also exported from industrial economies like Australia to the developing world, where regulations are less stringent. In some places, these hazardous materials are processed by labourers in unsafe working conditions.

Sahajwalla wants to make e-waste processing safer and more profitable. As part of her Australian Research Council laureate fellowship, she’s developing the fundamental science to transform the resources in e-waste into a range of valuable products.

She is currently developing the prototype for a low-cost alternative to industrial-scale smelting, which will be based at UNSW. The concept is simple yet innovative: portable micro-factories, roughly the size of a shipping container, which can be deployed at collection sites in suburbs, remote communities and throughout the developing world. Sahajwalla is collaborating with industry on the project.
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These micro-factories will churn out high-value metal alloys, ceramics, composites and nanomaterials, while simultaneously eliminating any hazardous impact. As the materials already have market value, they could benefit niche manufacturers producing everything from jewellery to marine hardware, says Sahajwalla.

The technical challenge is what Sahajwalla calls selective thermal transformations: working out how to create the valuable products efficiently using precisely controlled, high-temperature chemical reactions in a small-scale furnace.

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If her team can overcome the hurdles, the benefits are clear: micro-factories decentralise recycling, allowing e-waste to be processed locally where it’s collected. This helps eliminate emissions associated with shipping the waste across huge distances to recycling plants.

Sahajwalla says large-scale smelters have a high energy cost because they need to extract metal from ore bodies, which have been produced from upstream mining activities. “Parts of what we are processing start their life in an e-waste, in a metallic form,” says Sahajwalla. “So you’re saving on energy to begin with. The energy saving is a no-brainer.”

Sahajwalla says micro-factories will also create new business opportunities for small recyclers, who can transition from being collectors of waste to manufacturers of high-value products.

“The idea absolutely has legs,” says Anna Littleboy, the research director of CSIRO’s mineral futures project, which has studied how to improve metal recovery from e-waste.

Just as 3D printing will enable the manufacturing industry to move away from bulk production, distributed micro-factories will enable on-demand recycling. “You process stuff as it comes in,” says Littleboy. “You don’t have to stockpile and store it to get that economy of scale.”

She agrees it will open up new opportunities for niche manufacturers and small recycling outfits but says the current systems in Australia are designed to support “business-as-usual” operations. “In the past in Australia, this has been the big smelters.”

But Littleboy says centralised e-waste recycling facilities, like those developed in Europe, are impractical in Australia because of the geography and population density.

With micro-factories, there is “great potential for Australia to do something a little bit different around e-waste from the rest of the world”, she says.

Littleboy says the key technical hurdle will be adapting well-understood chemical reactions to a smaller scale, to efficiently separate valuable resources and create a pure product.

Before micro-factories make a dent on our e-waste problem, however, Australia will first need to address policy shortcomings.

A recent review published in the Journal of Environmental Management found that Australia’s four key pieces of legislation governing e-waste management were largely ineffective compared with countries with best practice systems, such as Japan and Switzerland.

This was due in part to outdated targets, poor compliance and auditing measures, access issues for regional communities, and a lack of support for local councils tasked with running e-waste collections.

“If you have a policy or a law, but then there are insufficient mechanisms to measure compliance and monitoring, then sometimes you get the shortest pathway, which might be send it to a landfill or ship it illegally to some other country,” says report author Prof Graciela Metternicht, an environmental scientist at UNSW.

Metternicht says one of the biggest problems around e-waste in Australia is a lack of reliable data. “We all rely on estimations … We go in circles, repeating numbers. What we need is some serious research that can tell us how much is collected, how much is recycled,” she says.

Metternicht says portable micro-factories are a “great plan” and should be considered, but they need to be affordable.

With the design process still under way, Sahajwalla says the price tag for micro-factories is not yet clear, but maintains she’s committed to providing a low-cost, accessible option. “If we can develop these affordable and sustainable solutions, that may well be the tipping point for how it becomes possible for a lot of developing regions to be more safely processing their e-waste.”

La mitad de la comida de los argentinos termina en la basura: alcanzaría para erradicar el hambre del país

Fuente El Cronista: Cada año, 16 millones de toneladas de alimentos van a parar a la basura. Son 365 kilos por año por habitante. Un kilo por día, en un país que se jacta de ser uno de los principales productores y exportadores de alimentos, pero que no ha resuelto el problema del hambre.

Según datos de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) , en el mundo se tiran por año 1.300 millones de toneladas de alimentos, el 30% de la producción mundial. Y al mismo tiempo, 842 millones de personas padecen malnutrición.

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“El problema empieza en el campo, durante la cosecha y la producción, pero también pasa por casa. ¿Cómo podemos reducir estos números gigantes de desperdicio, si en cada hogar se tira comida a la basura?”, reflexionó la ecónoma y cocinera Narda Lepes, durante la presentación de la campaña #Valoremoslosalimentos. La iniciativa se lanzó desde el ministerio de Agroindustria, e involucra tanto a productores, cadenas de comercialización, hoteles, locales gastronómicos, asociaciones de consumidores, universidades y ONGs como el Banco de Alimentos.

En línea con los objetivos de desarrollo sustentable (ODS planteados por la ONU) de eliminar la pobreza, el hambre, cuidar el ambiente y promover la producción y el consumo responsable, “la campaña busca concientizar y educar a la sociedad para evitar el desperdicio de alimentos”, apuntó Mercedes Nimo, subsecretaria de Alimentos y Bebidas. Para esto se elaboró una guía de recomendaciones para la compra, elaboración y consumo de los alimentos. “No adquirir cantidades innecesarias, almacenarlos de forma en que sea visible su estado y fecha de vencimiento, aprovechar las sobras para reelaborar comidas, no descartar frutas y verduras por fallas estéticas, y servirse porciones pequeñas”, son algunos de los consejos. Finalmente, se pueden reutilizar las cáscaras y desechos para hacer compostaje, con lo que además de reducir los desperdicios, se obtiene abono para las plantas.

La costumbre de “tirar comida” llega al extremo en ocasión de los festejos de graduación de estudiantes. Un informe de la carrera de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires determinó que cada 100 graduados se tira el equivalente a mil raciones de comida. El informe también identificó que un 63% de los estudiantes dice no estar de acuerdo con esta práctica, y un 91% cree que se podría festejar de otra manera. Así surgió la iniciativa universitaria #FestejosResponsables, que propone donar los alimentos que usualmente se tiran, y a cambio recibir productos de cotillón. La ONG Plato lleno trabaja en forma similar, al retirar la comida en perfecto estado que no llega a ser consumida durante fiestas y eventos, para repartirla entre hogares y comedores.

Desde el sector empresario, son varias las compañías y cámaras empresarias que implementaron programas de reducción del desperdicio de comida, y donaciones al Banco de Alimentos. La ONG surgió en 2002 en Buenos Aires, y hoy funciona en 16 ciudades del país.

Una empresa de catering, que ofrece servicios en comedores de empresas y en escuelas, contó que redujo la cantidad de desperdicios al utilizar bolsas de residuos transparentes, para que cada comensal viera la cantidad de basura que genera. La industria también apunta a desarrollar envases amigables con el medioambiente y que conserven por más tiempo los alimentos. “El trabajo es arduo, porque tiene que ver con la educación y las costumbres, pero al mismo tiempo es un cambio al que todos podemos contribuir”, aseguró la cheff Narda Lepes.

La Argentina y Chile buscan poner fin a una pelea ambiental

Martín Dinatale LA NACION
LUNES 26 DE SEPTIEMBRE DE 2016

Unos 55 millones de toneladas de residuos tóxicos de la minera chilena Los Pelambres, encallados en 52 hectáreas del lado de San Juan, resumen el conflicto abierto hoy entre Chile y la Argentina. Ambos países están dispuestos a buscar una solución al problema, hay una causa judicial de por medio, intensas negociaciones diplomáticas y el Gobierno reconoció que si bien hay buena predisposición de las autoridades chilenas el avance de la contaminación en territorio argentino resulta “altamente preocupante”.

Según pudo saber LA ANCION, en los últimos días hubo renovados reclamos de la cancillería argentina al gobierno de Chile para tratar de alcanzar una solución a un problema que viene de arrastre: entre 2007 y 2012 la minera Los Pelambres (de Antofagasta Minerals), que está instalada del lado chileno, arrojó unas 55 millones toneladas de neumáticos, material tóxico y otros residuos minerales en un predio del lado argentino. Hubo un avance de 1,35 kilómetros en territorio sanjuanino con residuos.

El senador Pino Solanas presentó una denuncia judicial y ahora Chile instó a la empresa a retirar los residuos. Pero no todo está cerrado: aún faltan los permisos de las autoridades argentinas para que los dueños de la minera Los Pelambres puedan retirar todo el material tóxico del lugar, enclavado a más de 2000 metros de altura, en plena cordillera de los Andes.

Según declaró el vicecanciller Carlos Foradori, en un reciente plenario de las comisiones de Ambiente y Desarrollo Sustentable y de Relaciones Exteriores del Senado, “esto no es un problema de dos empresas privadas, sino de territorialidad de dos repúblicas, la de Chile y la Argentina”. Así, Foradori dejó sentado que “el reclamo es a un Estado, al Estado de Chile, no a una empresa”, y advirtió que “lo que ha habido es un reconocimiento del error de parte de Chile, por lo que esperamos que se proceda como es debido”, al referirse al depósito de residuos de la empresa Los Pelambres situados en la localidad sanjuanina de Calingasta.

Un estudio realizado en 2014 por la cancillería argentina alertó que el megabasurero ya produce contaminación, tal como lo señaló en su denuncia judicial el senador Solanas.

El embajador de Chile en la Argentina, José Antonio Viera-Gallo, reconoció que hay un conflicto abierto con el Gobierno y, en diálogo con LA NACION, dijo: “Esperamos que empiece prontamente el retiro de los neumáticos, en cuanto estén listos los permisos correspondientes de parte de las autoridades argentinas”.

A su vez, el diplomático chileno dijo que “Chile tiene voluntad de contribuir a una solución adecuada y satisfactoria, sin interferir en las decisiones del Poder Judicial argentino”.

Por otra parte, fuentes de la diplomacia chilena y de la Argentina dijeron a LA NACION que la minera Los Pelambres comenzaría el proceso de retiro de los neumáticos de la escombrera en los próximos meses, aunque admitieron que no hay seguridad plena de que ello ocurra porque ya van varios años que este conflicto está abierto sin solución a la vista.

Los Pelambres de Antofagasta Minerals
Los Pelambres de Antofagasta Minerals. Foto: Gentileza

La empresa Los Pelambres acordó el cierre de la escombrera con el gobierno de San Juan y ese proceso se realizará con la supervisión de las Naciones Unidas y la Universidad de San Juan. Pero los residuos tóxicos siguen allí. Si bien el gobierno de Chile se mostró dispuesto a dar una solución al tema, también admite en reserva que se encuentra inhibido por mandato constitucional de interferir en asuntos sometidos al conocimiento de tribunales nacionales o extranjeros. No piensa lo mismo el vicecanciller Foradori, quien alertó en el Senado que este conflicto atañe a dos Estados, que deben tomar cartas en el asunto.

Solanas dijo a LA NACION: “El Senado no puede ser indiferente a la contaminación chilena de una de las cuencas hídricas más importantes de nuestro país. Antofagasta Minerals debe remover sus propios residuos peligrosos y devolverlos a territorio chileno, que es donde realmente se originaron. Tras los derrames de cianuro de la Barrick Gold, no vamos a permitir que Antofagasta Minerals siga contaminando en San Juan”.

En este contexto, el conflicto sigue vigente, no hay solución inmediata a la vista y ya hay 52 hectáreas con residuos contaminantes del lado argentino que arrasaron con lagunas, secaron vegas y contaminaron con drenaje ácido un curso de agua del río San Juan.

Controversia en la frontera

Protagonistas de la puja por los residuos tóxicos de Chile depositados en San Juan

Carlos Foradori

Vicecanciller argentino

“Esto no es un problema de dos empresas privadas, sino de territorialidad de dos repúblicas. Hasta ahora hubo reconocimiento del error de parte de Chile y eso es una avance”

Antonio Viera-Gallo

Embajador de Chile

“Esperamos que empiece pronto el retiro de los neumáticos y los residuos en la Argentina. Chile tiene voluntad de contribuir a una solución adecuada al conflicto abierto”

Fernando Solanas

Senador Proyecto Sur

“La empresa Los Pelambres debe remover sus propios residuos peligrosos de inmediato y devolverlos a territorio chileno, que es donde realmente se originaron”

En busca de una nueva revolución productiva

Economía circular, Fuente: http://www.clarin.com. La escasez de recursos y el impacto ambiental conducen hacia un nuevo paradigma económico: alargar la vida de los productos, reutilizar sus desechos o reciclarlos. Emprendedores, “empresas B” y gurúes en el mundo de la sustentabilidad.

Cadena de valor. Una empresa en Alemania comprime autos en desuso. En la planta de reciclaje reutilizan la materia prima. Foto  AFP/DPA/Peter Endig

Cadena de valor. Una empresa en Alemania comprime autos en desuso. En la planta de reciclaje reutilizan la materia prima. Foto AFP/DPA/Peter Endig

Hay una bombita de luz que está encendida hace más de un millón de horas. Se colgó por primera vez en 1901. Ahora está en una estación de bomberos en Livermore, en California, Estados Unidos. La empresa que la fabricó cerró hace tiempo. Pero la bombita funciona.La vida útil de un teléfono celular de alta gama, con un costo de 500 o 600 dólares, en cambio, tiene un promedio de dos años. A partir de ese lapso, la mitad va al mercado del usado o reparación, y la otra mitad se entrega como residuo por el simbólico valor de un dólar. Dura poco para que se vuelva a comprar.

Los dos casos sirven para marcar la diferencia entre la perdurabilidad de los productos de antaño, como una bombita de luz, y la obsolescencia tecnológica, que las empresas de celulares, o de otro rubro, programan con antelación.

De manera más profunda, también explica cómo un objeto que pierde su valor de 600 a 1 dólar en dos años, es parte de una “economía lineal”, en la que, entre la producción, el consumo y la llegada a residuo de un producto, no se le da ningún uso intermedio.

La “economía circular” llegó para romper el paradigma “lineal” que impera desde la Revolución Industrial, cuando el mundo no tenía problemas de abastecimiento y nadie hablaba de la extinción de recursos no renovables, la emisión de dióxido de carbono (CO2), calentamiento global o la necesidad de la producción sustentable.

Desde entonces, con el paso de los siglos, se mantuvo el concepto de que los recursos que consumimos son eternos y se pueden extraer sin consecuencias, y que los productos se usan y se tiran.

En esta dinámica supuestamente “inagotable” del consumo, que genera más emisiones de C02 que impactan sobre el medio ambiente, en los últimos 40 años la extracción de recursos se multiplicó por 2,5.

El impacto será mucho mayor en el futuro: la clase media global -que motoriza el consumo de productos y generación de residuos-, se multiplicará por 4 y alcanzará a 4.000 millones de personas en 2030. En la ecuación, mayores ingresos significa mayor generación de residuos. En resumen: crecimiento humano, impacto ambiental y consumo marchan hacia una colisión en la que el planeta no tendrá recursos para abastecer la demanda de energía, agua o alimentos.

Para 2030, la ONU estableció 17 “Objetivos de Desarrollo Sostenibles” (ODS) por los cuales las empresas -de una pyme hasta una multinacional- deberán ajustar su rumbo con modalidades de producción y consumo sustentables, es decir sin agotar recursos naturales o perjudicar el medio ambiente.

En la economía “circular”  un producto puede ser insumo de otro proceso y remanufacturado. Puede recuperar hasta un 30% de su valor.

Esta transformación sólo puede ser garantizada con la economía circular que implica cambios obligados en el proceso productivo. Marcelo Iezzi, ingeniero civil y líder en Desarrollo Sostenible de Price Waterhouse & Co (PWC) explica algunos: “En la economía lineal, no se diseña qué hacer con el residuo. En la economía “circular” sí, porque puede ser insumo de otro proceso y remanufacturado. El desecho vuelve a la fábrica, se adicionan mejoras y se vuelve a vender. Puede recuperar hasta un 30% del valor. Y si se repara, hasta el 50%.

¿Cómo funciona este nuevo modelo de negocios de circularidad económica a nivel local?

Es algo incipiente. Es necesario una integración en red para aprovisionarse de bienes de la cadena de suministro. Las empresas que están más cerca del punto final de consumo pueden detectar las oportunidades para sus estrategias de circularidad. ¿Qué pasaría si una fábrica de autos vendiera la movilidad y le da al cliente el auto que fuera y luego recupera ese bien y lo pone otra vez en el circuito? Esta estrategia circular hace que el proveedor esté de manera constante al lado del consumidor durante la vida útil del producto. No se desprende del producto ni del cliente y minimiza la generación de residuo. Hay que crear una infraestructura física e institucional para recuperar bienes de uso que para el modelo lineal no tienen valor pero para la economía sí, porque busca mantener el valor de uso durante el mayor tiempo posible de cualquier bien o servicio, o partes de ellos. Para ello es necesario una logística inversa”, concluye Iezzi.

En los próximos años, una empresa valdrá más si su producción es sustentable. Esto la obliga a una modificación de sus planes, acciones y la organización interna.

Algunas empresas transnacionales están migrando hacia la economía circular. Representa un buen negocio. De los US$ 90.000 millones que facturó BASF en 2015, US$ 16.000 millones se generaron por integrar sus procesos de la economía circular.

En los próximos años, una empresa valdrá más si su producción es sustentable. No es sólo una estrategia de marketing ni de corrección política: lo exigirán -ya lo exigen- nuevos marcos regulatorios que obligan a la modificación de planes y acciones, y también de organización interna.

Ernesto van Peborgh, ex vicepresidente del Citicorp, ingeniero y MBA de la Universidad de Harvard, cree que “no tiene más sentido que las corporaciones vayan detrás del lucro para crecer infinitamente en un planeta que es limitado. El propósito antecede al lucro en beneficio del sistema como un todo. Esto genera estructuras de organización, con una lógica distribuida en red.

En el modelo del siglo pasado, en el organigrama de una empresa había un nodo central emitiendo nodos dispersos que no tenían contacto entre sí, en un entorno de codicia corporativa, consumo excesivo y explotación irracional de recursos. Un nodo, para ascender, debía desplazar a otro. En la red, el propósito es colectivo, colaborativo y genera una empatía de co-creación”, dice Van Peborgh.

El “gurú” de la “economía circular” es el belga Gunter Pauli, autor de “La Economía azul”. Pauli es un emprendedor serial que le gusta presentarse como “el Che Guevara de la sustentabilidad”. En su exposición en las jornadas de Sustainable Brands de este mes en Buenos Aires, Pauli relató sus mil experiencias e ideas para montar negocios sostenibles, con generación de empleo y las curiosas transformaciones “circulares” que permiten que los pañales biodegradables usados se conviertan en tierra negra para sembrar árboles frutales, o construir casas a partir de las botellas de vidrio.

Pauli también relató modelos de producción para producir “papel piedra”, sin utilizar agua ni cortar un árbol. “Si usted tiene millones de hectáreas de bosque para vender celulosa, yo estoy molestando. Pero es sólo competencia”, se rió, y lanzó su máxima ético-sustentable: “Vivimos en una sociedad de doble moral en la que si una empresa disminuye la contaminación del medioambiente, la premian. Robar menos es robar, contaminar menos es contaminar”.

Pauli, que fue recibido por el presidente Macri hace dos semanas, es un inspirador, casi una guía espiritual, para una comunidad de emprendedores locales que gustan clasificarse como “empresarios B”.¿Qué es un “empresario B”? Son empresarios que buscan generar negocios desde un enfoque económico, social y, sobre todo, de preservación del medio ambiente. Aquí va un ejemplo: “Somos los únicos en el país que reciclamos Tergopol, que crecía en demanda pero nadie le daba un destino sustentable -dice Cecilia Cavallaro, de Sirplast, empresa B creada en 2013-, Cada mes reciclamos un volumen de 65 camiones con acoplado para convertirlo en materia prima plástica y devolverlo al mercado, sin impactar en el medioambiente. Antes se lo enterraba en el CEAMSE”, indica.

Campaña RAEE en Madryn

Lanzaron el programa “Traé tus RAEE”


8En el marco de las actividades por el Día de la Primavera, en la peatonal Luis Gazín, el equipo de la Dirección de Gestión Ambiental de la Municipalidad de Trelew lanzó el programa “Traé tus RAEE”, que tiene como objetivo sacar de circulación todos los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos.
Durante los días 7 y 21 de octubre, 4 y 18 de noviembre, y 2 de diciembre, los vecinos de Trelew podrán acercar sus residuos eléctricos y electrónicos a la oficina de Ambiente (Mitre 73), donde estará ubicado el “Punto Limpio Móvil” para la recepción de los mismos.

El programa

Al respecto, el director de Gestión Ambiental, Maximiliano Iturra, dijo que “están incluidos los celulares, los faxes, los teléfonos, las netbook, herramientas manuales, calculadoras, electrodomésticos. Los van a poder llevar días específicos a la Coordinación de Ambiente, allí va a estar el Punto Limpio Móvil, que luego le dará la disposición que corresponde a esos residuos”. El funcionario municipal manifestó que “la idea es sacar de circulación todos aquellos residuos que puedan generar un problema de contaminación”.
Los vecinos podrán acercarse a llevar dichos residuos a la Coordinación de Gestión Urbana, ubicada en Mitre 73 de 9 a 12.30 horas los siguientes días: 7 y 21 de Octubre; 4 y 18 de noviembre y el 2 de diciembre.

Chile es uno de los países que más ha aportado en la recuperación debasura electrónica basura electrónica

basuraelectronicaarchivo.jpgChile recuperó, en este plan, 280 toneladas de e-waste. Foto: Archivo

Mil doscientas toneladas de equipamiento tecnológico en desuso ha logrado recuperar Ericsson en Latinoamérica a través de su programa mundial Gestión Ecológica y Recuperación de Productos, que busca reducir al mínimo las potenciales consecuencias para el medio ambiente relacionadas con la eliminación de equipos electrónicos dados de baja.

El equipamiento incluye hardware, baterías, cables y demás componentes de infraestructura de telecomunicaciones.

Chile es uno de los países que más ha aportado a esta cifra regional de 1.200 toneladas, con 280 toneladas de material recuperado durante este año. Otros países que están en los primeros lugares de aportes son México, Brasil, Panamá y Costa Rica. A nivel global el año 2015 se recuperaron 15.590 toneladas de e-waste, así como 856 toneladas de pilas.

Las tecnologías y dispositivos de hoy tienen un nivel de renovación nunca antes visto, quedan obsoletas muy rápidamente. Pero pocos se preguntan dónde van a parar todos esos equipamientos que se descartan. Bueno, estos se suman al creciente aumento de residuos electrónicos  con los peligros asociados para el medio ambiente.

Ericsson implementó en el año 2005 su programa de gestión ecológica, que está en línea con sus esfuerzos de sustentabilidad y responsabilidad corporativa dirigidos a hacerse responsable de las posibles consecuencias para el medio ambiente de todos sus productos y servicios durante todo el ciclo de vida de estos. El programa se encarga y asegura que el material que ya está en el final de su ciclo de vida sea tratado de una manera responsable con el medio ambiente.

“Del material recuperado, la compañía recicla alrededor del 98% de los materiales”, afirma Carla Belitardo, vicepresidenta de Estrategia y Sustentabilidad de Ericsson Latinoamérica, “logrando reinsertarlos como materias primas, como es el caso del acero en diferentes industrias, o el plástico en las botellas plásticas, y los minerales como el cobre en las tuberías. Este programa refleja el compromiso de la compañía con los temas de sustentabilidad y responsabilidad corporativa en la región, así como también la preocupación de nuestros clientes respecto al tema”, agrega la ejecutiva.

Los objetivos del programa de la empresa uperan los requisitos mínimos contemplados en la directiva de Residuos de Equipos Eléctricos y Electrónicos de la Unión Europea, donde se exige por ley la recuperación de los productos.