Cerrando el ciclo de vida de los aparatos electrónicos (y generando empleo)

JOSÉ_PÉREZ(Foto_Santiago_Ojeda)José Pérez. Consejero delegado de la plataforma medioambiental Recyclia. @recyclia

 Hace ya más de una década que la necesidad de reutilizar materias primas, poniendo freno al acelerado agotamiento de los recursos naturales, y de contribuir a la preservación del medio ambiente condujo a las autoridades europeas a trazar para los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) un camino de sostenibilidad similar al que ya se aplicaba para otros residuos domésticos más habituales, como el papel, los envases o el vidrio.

Para ello, desde la aprobación de la Directiva 2002/96/CE, la responsabilidad de organizar y financiar el sistema de recogida selectiva y reciclaje de los equipos puestos a la venta recae en los productores, quienes además se encargan de involucrar a los distribuidores y comercializadores en esta actividad, y de promover la colaboración ciudadana para depositar en los contenedores y puntos limpios dispuestos para ello los electrodomésticos y equipos electrónicos al final de su vida útil.

Como era de prever, la brevedad de los ciclos de innovación del mercado de equipos electrónicos y el carácter imprescindible que han adquirido en nuestro día a día han llevado a las autoridades europeas a seguir avanzado en esta regulación.

Cada ciudadano de la UE genera al año 14 kilos de residuos tecnológicos, cantidad que, según previsiones de la Comisión Europea, se duplicará en 2017. A la luz de estas cifras, se explica el considerable aumento del objetivo de recogida establecido en la nueva Directiva aprobada en 2012, y que eleva el índice inicial de 4 kilos por habitante y año al 45% de las toneladas de aparatos que se pongan en el mercado nacional, a partir de 2016.

Pero si esta rápida proliferación de la basura electrónica hace hoy más necesario que nunca articular los mecanismos para garantizar el adecuado tratamiento de los equipos, igual de imprescindible es hacerlo por una cuestión dereaprovechamiento y ahorro de recursos naturales y energéticos.

Para ilustrar su importancia, basta con exponer las cifras que arroja el reciclaje de teléfonos móviles, probablemente, el equipo electrónico por excelencia hoy día por su nivel de penetración en la sociedad. Actualmente, en nuestro país hay alrededor de 53 millones de teléfonos móviles, y cada año, más de 20 millones dejan de utilizarse. Gracias a la sofisticación tecnológica de los procesos de recuperación de materiales útiles a partir de desechos electrónicos, hasta el 90% de los componentes de un móvil son reciclables: un 58% plásticos, un 25% metales y un 17% vidrio y fibra de vidrio.

A ello se añade que la gestión de estos residuos contribuye a minimizar sus potenciales impactos sobre el medio ambiente y la salud, cerrando adecuadamente el ciclo de vida de los productos. Así, y siguiendo con el ejemplo de los teléfonos móviles, por cada 500.000 de estos dispositivos recogidos se dejan de emitir unas 50.000 toneladas de CO2, según datos de la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos.

Completa esta visión del reciclaje de desechos electrónicos una de sus vertientes más importantes, fundamentalmente en estos tiempos de crisis: la de oportunidad de crecimiento económico y motor de empleo. Según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la industria del reciclaje de residuos tiene un volumen de facturación de más de 22.000 millones de euros, con un impacto en el PIB del 0,93% y un crecimiento sostenido en los últimos años cercano al 31%.

El sector del reciclaje, compuesto tanto por pymes como por grandes instalaciones de tratamiento, emplea directamente a más de 150.000 personas e indirectamente a más de 75.000, superando ya en creación de empleo al de las energías renovables.

La crisis en la que estamos inmersos nos ha enseñado que no podemos seguir infrautilizando recursos de ninguna clase. Y en este sentido, el reciclaje de los residuos tecnológicos ha demostrado, una década después de legislarse su obligatoriedad, que todo aparato electrónico en desuso que se trata de forma responsable representa fundamentalmente una oportunidad: de contribuir al cuidado de nuestro entorno, de ahorrar energía y recursos naturales y de generar empleo y crecimiento económico.

Más información en: www.recyclia.es

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