Qué hacer con los RAEE en Cali, Colombia

Le contamos cómo realizar una adecuada disposición de sus residuos eléctricos y electrónicos / El País /

Era una vieja plancha que recibió como regalo de matrimonio, por allá en 1982. El aparato había dejado de funcionar hacía más de diez años, pero Elsy Bolaños, residente del barrio Camino Real, se resistía a salir de ella, tal vez por pura nostalgia. Fue así hasta que una vecina le habló de un espacio instalado, hacía poco, en el Centro Comercial Chipichape donde le explicaron que podía deshacerse de objetos como ese y otros agrupados  en una sigla que la mujer repitió sin esfuerzo, Raee: Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos. Lea también: Instalarán ocho puntos para disponer de residuos electrónicos en Cali

Como ese mismo lugar hay otros siete dispuestos en Cali. Se trata de varias canecas grandes, que fácilmente la gente puede identificar al interior de los centros comerciales Jardín Plaza, La 14  de Cali, Unicentro, Cosmocentro, Único y Río Cali, así como en las sedes del Dagma y la CVC. La punta de lanza de un proyecto,  financiado con recursos de la sobre−tasa ambiental, que busca enseñarles a los caleños qué hacer con esos electrodomésticos y aparatos electrónicos que ya no usa y, que sin saberlo, son altamente perjudiciales para la salud humana y el medio ambiente.

Lo explica Marly Olave, líder en gestión ambiental empresarial del Dagma. Asegura que objetos como planchas, pantallas de computadores, teléfonos, celulares y televisores viejos tienen compuestos como plomo, arsénico y mercurio que, si no se disponen de manera adecuada y llegan a un relleno sanitario, “pueden ocasionar daños irreparables en los ecosistemas, especialmente en los suelos y las aguas subterráneas”.

De lo que se trata, pues, es que la gente aprenda qué hacer con este tipo de basura. “Que primero la separe en casa y después la deje en los centros de recolección  dispuestos en la ciudad para que empresas especializadas se encarguen de extraer elementos que pueden reciclarse como el cobre y desechar adecuadamente los que resultan dañiños”, agrega Olave.

Aunque no se conoce con certeza la cantidad de ‘basura electrónica’ que desecha la ciudad cada año, el Ministerio del Medio Ambiente maneja estimativos que  preocupan: en 2007 Colombia generó 9 mil toneladas de residuos de computadores, monitores y periféricos (mouse, teclados, cables), entre 0,1 y 0,15 kilos por persona. Para 2012  el número se duplicó.

Y como el auge del consumo de tecnología es relativamente reciente, lo es también la tarea del desensamble profesional de dichos aparatos; labor que en América Latina lideran tímidamente Chile, Perú, Brasil, Argentina y Colombia, pero muy vinculado aún con los sectores empresarial e industrial.

Los esfuerzos caminan ahora hacia el sector domiciliario. Quien lo cuenta es Diana Zuleta, coordinadora en la Universidad Javeriana de Cali de un proyecto a través del cual se capacitaron  líderes comunitarios de la ciudad para que replicaran la información en sus calles y barrios.

Fueron cerca de 20 personas por comuna. “Se inscribieron en un diplomado de 120 horas de duración. Al final se graduaron 370 líderes que les han enseñado a sus vecinos porqué no se deben tirar electrodomésticos y computadores viejos al tarro de la basura, sino llevarlos a un lugar donde puedan reciclarse”, cuenta Zuleta.

Tal como explica el ambientalista Raúl García, estos aparatos pueden contener elementos valiosos como oro, plata, paladio, acero, plástico y cobre, los cuales se pueden reutilizar como materia prima en la fabricación de nuevos objetos electrónicos. Pero guardan también en su interior plomo, cadmio, mercurio y arsénico,  componentes peligrosos que varían según el tipo de tecnología, país de origen y fabricante, y que se pueden liberar al medio ambiente si se hace un desensamble inadecuado.

“El plomo en tubos de rayos catódicos, el cadmio, los retardantes de llama bromados en plásticos y el mercurio en la luminaria de las pantallas planas son sólo algunos  ejemplos de sustancias peligrosas que pueden poner en peligro la salud de las personas y el medio ambiente si no se manejan de manera adecuada”, explica el experto.

“El llamado es a que no siga ocurriendo lo que vemos hasta ahora: que la gente los deja tirados en caños, parques o cuerpos de agua o no se reciclan y terminan en los rellenos sanitarios”, apunta Marly Olave.

El programa desarrollado en Cali completa apenas un mes y cuenta con el apoyo de empresas certificadas como Lilo, Gaia y Ocade, especializadas en el reciclaje y disposición final de aparatos eléctricos y electrónicos. Sin duda, desde ya, la ciudad está dando ejemplo.

¿Qué son los Raee?   Los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, Raee, provienen de cualquier dispositivo que utilice un suministro de energía para funcionar y haya alcanzado su vida útil. Esta definición comprende, además, todos aquellos componentes y elementos consumibles que forman parte del producto en el momento en que se desecha y pasa a ser reciclado. Ejemplos de aparatos Los residuos electrónicos incluyen una amplia y creciente gama de aparatos electrónicos que van desde objetos domésticos voluminosos, como refrigeradores y acondicionadores de aire, hasta teléfonos celulares, planchas, ventiladores, teléfonos fijos, fax, betamax, VHS, radios, alisadoras y secadores de cabello. Manejo de los residuos Las neveras son altamente contaminantes si no las reciclan empresas especializadas. Las más antiguas usan clorofluorocarbonos, que agotan la capa de ozono, que nos protege de los rayos solares. Las marcas Challenger, Haceb, Abba, Samsung y Whirlpool hacen parte de la Red Verde que ofrece el servicio de recolección de estos aparatos en casa de los usuarios. Efectos nocivos   El plomo es un metal pesado y  está presente en los aparatos electrónicos que puede afectar  el cuerpo humano, cuando éste se expone a grandes cantidades. Su acción, sobre todo, recae en  el sistema nervioso; también  ocasiona fallas renales y  puede inhibir al cuerpo de fabricar hemoglobina.    Si no se desecha adecuadamente puede acumularse en el suelo y en   organismos acuáticos (peces y plantas)  que podrían morir   envenenados. Esto puede ocurrir, incluso, si se trata de pequeñas concentraciones de este metal.   Las funciones en el fitoplancton (base de la cadena alimentaria de los ecosistemas acuáticos) pueden verse alteradas cuando interfieren con el plomo, así sea en pequeñas cantidades.

Con Información de El País

www.entornointeligente.com

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