/especial Clarín.com- Con biopsias líquidas se harán estudios certeros y con cirugía de genes se podrían “borrar” las mutaciones que causan enfermedades.

Durante las últimas seis décadas, hubo una gran transformación en la medicina a partir del descubrimiento de la estructura del ADN en las células de los seres humanos. Se logró la decodificación del genoma de la especie humana y se popularizaron los tests de paternidad, las pruebas que detectan mutaciones asociadas a enfermedades, la insulina recombinante a partir de bacterias para las personas con diabetes, y los alimentos funcionales, como leches para prevenir diarreas, entre otras muchas aplicaciones. Para los próximos 70 años, se viene una nueva revolución con cambios que estarán dirigidos a prevenir y a tratar de manera más personalizada la salud de cada individuo. Se pasará desde las estrategias de prevención, diagnóstico y tratamientos masivos a otras que tendrán más en cuenta las particularidades. Habrá métodos más minuciosos para monitorear cómo va el estado de salud, para diagnosticar trastornos de manera menos invasiva y más temprana, y para tratar las enfermedades de acuerdo con el perfil individual. “La información genética, la secuencia genética del ADN, de cada uno de nosotros podrá almacenarse en un chip, el cual seguramente llevaremos implantado en el antebrazo”, anticipa Francis Collins, genetista, líder del proyecto público del genoma humano y uno de los directores de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos. “Eso servirá como base fundamental para una forma efectiva de medicina preventiva. Además, los avances en nanotecnología permitirán tratamientos eficaces que serán redireccionados al lugar donde se necesite reparar sin causar efectos secundarios en el resto del cuerpo. Y para quienes piensan que el promedio de vida actual es demasiado corto, quiero que sepan que podría alcanzar los tres dígitos: 150 años”. De acuerdo con Collins y muchos otros científicos que están diseñando el futuro, la medicina tenderá a la precisión. Por ejemplo, si hoy una mujer padece diabetes tipo 2 puede monitorearse los niveles de glucosa a través de medidores portátiles, y su médico le receta medicamentos según los valores de esos medidores. En menos de 20 años, según Collins, la mujer con diabetes podrá implantarse un chip en su cuerpo que monitoreará continuamente sus niveles de glucosa. La información podrá ser enviada por vía inalámbrica a la computadora de sus médicos, que también contarán con los datos de la decodificación del genoma personal de la mujer. En base al monitoreo continuo de la glucosa y al perfil genético, los médicos podrán indicarle nuevos medicamentos a la paciente o variar las dosis. Todo el avance con el uso del biochip contribuiría a que la mujer adapte su dieta a su situación personal, controle su diabetes y prevenga las complicaciones de esa enfermedad, como la ceguera, la insuficiencia de los riñones o las amputaciones de piernas.

Los cuerpos humanos llevarán implantados otros tipos de chips que los convertirán a sí mismos en baterías. Es decir, los chips usarán la energía que el propio organismo genera. Como quema más de 2.000 calorías por día, estiman que el mismo cuerpo podría generar la energía suficiente para hacer funcionar al teléfono celular. Ya se están desarrollando chips pequeñísimos, a través de la nanotecnología, para usar –por ejemplo– dentro del oído. El concepto se probó en cerdos de guinea, por las investigadoras Konstantina Stankovic, de la Universidad de Harvard y Anantha Chandrakasan, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y se espera el desarrollo de prototipos que puedan utilizarse para dar energía a implantes cocleares en personas con trastornos de audición. Otros chips implantables también podrán servir para reemplazar a las inyecciones y a la toma de pastillas. Los desarrollan Robert Langer, líder mundial en bioingeniería, y Michael Sima, de los Estados Unidos, y consisten en cientos de reservorios que pueden llenarse con medicamento y luego sellarse con una delgada tapa de metal. Una vez que el dispositivo se implanta en el cuerpo, la tapa se elimina por control remoto y se libera lo que tiene en su interior. Aunque aún están en desarrollo y forman parte de ensayos clínicos, cuenta Langer a Clarín, los chips para administrar medicamentos podrían ser usados en osteoporosis o para pacientes con cáncer cerebral. El fármaco de la quimioterapia podría ser liberado en el cerebro por control remoto, y sería parte de un tratamiento más directo y local. También los investigadores están en contacto con la Fundación Bill y Melinda Gates, que impulsa la creación de dispositivos de microchip para liberar anticoncepción hormonal. Estos modelos permanecerían como anticonceptivos en las mujeres durante más de 15 años. Y se podrían encender y apagar de forma inalámbrica, según las decisiones de tener hijos (o no) de las mujeres. Uno de los mayores desafíos que enfrenta el desarrollo de los chips que distribuirán medicamentos o anticonceptivos es evitar el rechazo del sistema de defensas del propio organismo. Para eso, los científicos producen nanopartículas que protegerían a los compuestos terapéuticos para que el organismo no los ataque. Y en los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos también se arman chips con tejidos humanos en 3 dimensiones, que servirán como modelo para estudiar cómo los fármacos en desarrollo actúan en humanos. Hoy, más del 30% de los medicamentos que funcionan bien en experimentos con animales luego fracasan por su alta toxicidad cuando se llevan a ensayos clínicos en voluntarios humanos. A través de la iniciativa de Chip de tejido para probar drogas, se estima que se acortará el tiempo que lleva el desarrollo de medicamentos contra diferentes enfermedades. Para Collins, “serán oportunidades para aliviar el sufrimiento y favorecer a quienes necesitan ayuda”.

Otras innovaciones que llegarán pronto serán las biopsias líquidas. En lugar de que los pacientes se tengan que someter a intervenciones para extraer muestras de sus tejidos, se tomarán sólo muestras de sangre para detectar más enfermedades, como diferentes cánceres. Eric Topol, prestigioso profesor de genómica del Instituto de Investigación Scripps de Estados Unidos pronosticó que las biopsias líquidas serán el estetoscopio de los próximos 200 años. Serán menos invasivas e incómodas y más rápidas que las biopsias convencionales, y permitirán detectar mutaciones que determinarán el tratamiento para cada paciente. Entre las terapias que prometen para las próximas décadas, se encuentran las cirugías del genoma, que recién están en etapa de investigación básica en los laboratorios. Se trata de una tecnología que está basada en el conocimiento sobre cómo operan las bacterias, que usan a la proteína llamada CRISPR-Cas9, para atacar a los virus que las infectan. Hasta hace 4 años, esa proteína era desconocida, y ahora varios estiman que cambiará todo porque permitirá editar los errores genéticos que causan enfermedades. Hay tantas expectativas sobre esa tecnología que días atrás Bill Gates y otros inversores destinaron 120 millones de dólares para una empresa que la desarrolla. Según dice a Clarín uno de los que lideran su desarrollo, Feng Zhang, del Instituto Mc Govern para la investigación del cerebro, dependiente del MIT, “la tecnología de edición de genes aún está en sus inicios, pero ya hubo resultados prometedores”. Por ejemplo, experimentos en ratones demostraron que la tecnología se puede usar para bajar exitosamente el colesterol al apuntar a un blanco molecular. “Si bien falta mucho para ir desde los experimentos a la etapa clínica, la cirugía del genoma podría ser una realidad en menos de 30 años”, sostiene Zhang. Podría utilizarse en enfermedades causadas por una sola mutación genética, como fibrosis quística, o en trastornos visuales, como ceguera o cataratas. El desafío es evitar que esas terapias provoquen efectos indeseados fuera del blanco al cual se dirigen. Con tantos cambios en el monitoreo del cuerpo, los diagnósticos y los tratamientos, los humanos vivirán más y mejor. Stuart Jay Olshansky, epidemiólogo de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Illinois en Chicago, EE.UU., anticipa a Clarín que “los avances continuarán para reducir el riesgo de muertes por infartos y cánceres. Los adelantos en la medicina regenerativa, con células madre reprogramables, aportarán una oportunidad para reemplazar las partes desgastadas, como el corazón, el hígado, los pulmones, las rodillas, y otras articulaciones. Está en duda si también podrían hacerse con el cerebro envejecido. Habrá otras iniciativas que permitirán intervenciones que desacelerarán el envejecimiento biológico”. Aunque no todos coinciden. El Premio Nobel de Medicina 2001, bioquímico británico Tim Hunt, dice a Clarín: “Todo lo que podemos decir con certeza es que, si el pasado nos sirve de guía, el futuro es inimaginable y será increíblemente diferente a lo que estamos acostumbrados hoy en día”.

Trasplantes: con células madre, órganos a medida

Si hoy una persona necesita urgente un trasplante, se encuentra con dos desafíos. La cantidad de órganos para donación es limitada. Y, si accede a la operación, tendrá que superar el problema del rechazo de su sistema inmune, que “percibe” al órgano implantado como un extraño y lo ataca. Durante los próximos 50 años habrá novedades en ambas direcciones. Se producirán órganos a partir de células madre de los mismos pacientes. Otros órganos y sistemas, como caderas, manos y riñones, podrían diseñarse de manera más sofisticada por impresión en 3D. Podrían también implantarse corazones totalmente artificiales (hasta ahora no reemplazan completamente al corazón o no han sido muy eficaces). Y habrá máquinas que permitirán tener a los órganos donados por más horas antes de ser implantados: un cambio que dará más tiempo a los que tienen que correr para llevarlo desde el lugar en que estaba el donante al hospital donde espera el paciente. “Hay caminos y promesas en el horizonte”, expresa a Clarín Florentino Vargas, del Hospital de Pediatría Pedro de Elizalde y uno de los pioneros en trasplantes cardíacos en América Latina. “Uno de los mayores esfuerzos está dirigido a la investigación con fármacos que modulan la respuesta del sistema inmune, y que ayudan a evitar el rechazo. Sin dudas, habrá avances notables en mantenimiento de órganos. Cambiarán y mejorarán los métodos para el momento de la espera del órgano y para preservarlo en estado viable después de la donación”, agrega. Se espera que pronto haya menos necesidad de trasplantes de hígado si muchos de los 150 millones de infectados por el virus de la hepatitis C acceden a una nueva generación de medicamentos más eficaces y con menos efectos adversos.

En la Argentina, hay 400.000 infectados con hepatitis C, aunque menos del 30% sabe que lo está. “Habrá menos trasplantes de hígado en personas con hepatitis C. Eso ocurrirá en los lugares en los que los pacientes con la enfermedad avanzada accedan al tratamiento a tiempo”, dice a Clarín Jean-Michel Pawlotsky, director del Centro Nacional de Referencia para Hepatitis Virales de Francia.

2.000

Son las calorías que quema un adulto por día. Con el uso de un biochip, que podría colocarse dentro del oído, planean transformarlas en energía para recargar el teléfono celular. Así, el cuerpo humano se convertiría en una “batería viviente”.