Reutilizar las piezas clave de aparatos de alta tecnología es ahora una tendencia mundial.

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Hoy es común cambiar de computador, celular, tableta y otros dispositivos con frecuencia, gracias a la velocidad con la que son rediseñados y relanzados al mercado con la promesa de tener funciones más útiles y novedosas.

Pero ¿a dónde van a parar estas montañas de aparatos que desechamos? En el mundo existen unos 65,4 millones de toneladas de residuos tecnológicos, regados por todos lados, cifra que se incrementa con la misma velocidad con la que cambia la tecnología.

Afortunadamente, el ingenio de un grupo de emprendedores se está tomando una buena tajada de estas montañas. Resulta que entre tanta basura electrónica se encuentran muchos metales valiosos como plata y oro de muy buena calidad.

Extraer esta riqueza de esos residuos para reprocesarla y ofrecerla a la industria tecnológica o a los joyeros es lo que se conoce hoy como minería urbana.

Estos mineros no se asemejan a los que se internan en los socavones de las montañas o a los que se sumergen en los cauces de los ríos buscando minerales. Son citadinos –podrían ser sus vecinos– que trabajan en bodegas urbanas moliendo estos residuos y filtrándolos hasta encontrar una pequeña pepita de oro o plata.

Un solo dispositivo no genera gran cantidad de mineral, pero millones de toneladas existentes generan una oferta atractiva para el mercado.

Estudios realizados en la Unión Europea aseguran que los aparatos eléctricos y electrónicos están compuestos en un 25 por ciento de componentes reutilizables y en un 72 por ciento de materiales reciclables. La minería urbana generó en Japón y Europa en el 2011 unos 1.420 millones de dólares y se estima que alcance los 1.860 millones de dólares en el 2017, luego de incorporar países en desarrollo.

Esta actividad impacta positivamente al recuperar materiales que son cada vez más escasos y frena la contaminación que estos residuos generan al degradarse.

Es posible que el oro de su próximo anillo provenga, no de los ríos del Chocó, sino de ese computador que alguna vez desechó y que vuelve a usted convertido en joya.

JORGE HERNÁNDEZ
Director de Innovandes,
Universidad de los Andes