Luisa CorradiniLA NACION

PARÍS.- La historia juzgará con severidad a los jefes de Estado y de gobierno si, este mes, son incapaces de estar a la altura del desafío”, repite el presidente francés, François Hollande, anfitrión de la Conferencia Mundial sobre el Clima (COP21). Para que la conferencia sea un éxito, los delegados de los 195 países presentes deberán hacer todo lo contrario que en diciembre de 2009 en Copenhague, donde el mundo se separó con un acuerdo a minima:

En París, los organizadores se fijaron diez puntos clave:

1. El futuro acuerdo será universal o no será. Es decir que deberá aplicarse a la casi totalidad de los países del globo. Esa universalidad se refleja en las contribuciones voluntarias (los INDC por su sigla en inglés). Hasta hoy, han dicho “presente” 161 países, que representan 91% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

2. Un acuerdo no vinculante, pero realmente “comprometedor”. Estados Unidos rechaza esa posibilidad y su secretario de Estado, John Kerry, fue claro al respecto: “No habrá objetivos de reducción jurídicamente vinculantes”. Para Hollande, un buen acuerdo deberá “definir una trayectoria seria para mantener el calentamiento entre 1,5° y 2°C, con una evaluación regular de los progresos y un mecanismo de revisión y citas cada cinco años”.

3. Introducir un precio del carbono para que las decisiones sobre inversiones sean modificadas poco a poco. La COP21 podría crear un nuevo mecanismo de control capaz de reemplazar al establecido por el protocolo de Kyoto, que resultó ser un fracaso total.

4. Un calentamiento limitado de 2°C antes de fin de siglo. Según las contribuciones nacionales (INDC) presentadas antes de la conferencia en París, el objetivo de 2°C no podrá ser alcanzado en 2100. Serán necesarios mayores esfuerzos, que necesitan la implicación de los 195 países del mundo y no de sólo de 161.

5. Ayudar a los Estados a adaptarse al calentamiento. Hasta hoy, las negociaciones patrocinadas por la ONU giraron en torno de la atenuación del calentamiento climático, a través de objetivos de reducción de emisiones de GEI. Los países en desarrollo solicitan que la adaptación al cambio climático (hábitat, transportes, desplazamientos de población) sea tratada al mismo nivel que la atenuación, en materia de financiación.

6. Instaurar cláusulas de corrección. En otras palabras, los países deberán aumentar periódicamente el nivel de reducción de emisión de GEI a fin de alcanzar el objetivo de 2°C.

7. Reconocer los perjuicios de los más vulnerables. Formulada en la conferencia de Cancún en 2010, la cuestión del loss and damage(pérdidas y daños) aún carece de un dispositivo tangible. El acuerdo de París podría por fin institucionalizar el reconocimiento de esta situación y la necesidad de reforzar la solidaridad internacional.

8. Concretar la promesa de 100.000 millones de dólares. En Copenhague, los países ricos se comprometieron a movilizar esa suma anual para las naciones en desarrollo, en concepto de ayuda a la transición hacia una economía verde. Según la OCDE, hasta hoy esas promesas sólo alcanzan 62.000 millones de dólares por año.

9. Adoptar reglas comunes de medición para las emisiones. En ausencia de un marco mínimo universalmente aceptado, toda tentativa de avanzar en forma significativa en la lucha contra el calentamiento está condenada al fracaso.

10. Fijar un alto precio al carbono. Todos están de acuerdo: desde el FMI hasta el Banco Mundial, pasando por la mayoría de los economistas y científicos, piensan que es indispensable establecer un precio a la tonelada de carbono emitida. Ese tema quedará -sin embargo- fuera de la COP21, aunque todos lo consideren fundamental. Pues, haciendo pagar las emisiones de GEI, el objetivo es obligar a las empresas a invertir en las tecnologías más verdes.

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