¿La receta de Kamikatsu? Premiar el reciclaje (y ser muy estrictos)

Perdido en las montañas de la isla de Shikoku, un pequeño pueblo quiere convertirse en un referente del reciclaje a nivel mundial. Con el objetivo de eliminar todos sus desechos para 2020, Kamikatsu trabaja desde el 2002 en el Proyecto Cero Residuos.

Todo empezó hace siete años, cuando el alcalde cerró el incinerador de basura del pueblo porque no cumplía con los niveles de control de dioxinas.

Desde entonces, cada vecino convierte su basura orgánica en abono y separa el resto en 34 categorías. Sí, 34. Todo en sus propias casas, sustituyendo los camiones de basura y los contenedores por un único centro de entrega, la Academia Cero Residuos.

En la academia no solo se tira la basura, también se aprende a reciclar: desde cómo separar las etiquetas de los envases a cómo vaciar el líquido contaminante del motor de un coche.

Para incentivar este aprendizaje, el municipio regala billetes de lotería y bonos de compra de alimentos a sus 2.000 habitantes.

Pero hay más: en cada hogar hay un aparato que convierte la basura orgánica en abono, que se reutiliza en las muchas huertas del pueblo. Así Kamikatsu ha conseguido cerrar el ciclo, y que reciclar no tenga ningún coste para sus lugareños.