La historia de Esteban Quispe, un chico boliviano de Atacamaya, una pequeña ciudad de poco más de 20 mil habitantes en La Paz, merece ser contada: utilizando desechos electrónicos creó un pequeño robot de lata, que es capaz de moverse controlado desde un smartphone y tiene la capacidad de detectar y evitar obstáculos. El mismo Esteban creó la aplicación con la que se controla al pequeño aparato.

Por supuesto, el hecho de su parecido con el Wall-e de la película de pixar y su relación directa con los residuos justifica largamente que Quispe haya nombrado a su robot como Wall-Ekitt.

Autodidacta y apasionado por la electrónica, Esteban comenzó en el mundo de la robótica a los 10 años y junto a su padre y su hermano trabajan en un laboratorio improvisado en su casa, humilde como casi todas en su comunidad. Hasta ahora, el chico ha ganado la Olimpiada Estudiantil y una beca universitaria que seguramente le será de gran utilidad para seguir aprendiendo.