(fuente FutureEnviro)

La última reunión de la Red Internacional de Gestión de Residuos Electrónicos, celebrada en septiembre en Bogotá, ha permitido radiografiar el estado de esta actividad en todo el mundo. Su principal conclusión es que aún debemos hacer frente a múltiples deficiencias para responder adecuadamente a uno de los mayores retos medioambientales de la actualidad; un panorama en el que el modelo europeo, basado en la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP), sigue demostrando ser el más eficaz.

Según la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA, por sus siglas en inglés), algunos residuos se reducirán drásticamente en los próximos años. Es el caso del papel, que en 2020 regresará a los niveles de 1990, por el aumento del uso de dispositivos electrónicos y la penetración de Internet tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo.

En el otro extremo, se encuentran los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), uno de los pocos flujos en constante aumento, en términos per cápita, y cuyo ritmo de crecimiento es tres veces superior al resto. En concreto, en 2017, el volumen de basura electrónica será de 65,4 millones de toneladas, un 33% más que en 2012, según el último informe de la Iniciativa Step de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU).

El análisis de este flujo, llevado a cabo por decenas de expertos en la última reunión de la Red Internacional de Gestión de Residuos Electrónicos (International E-Waste Management Network – IEMN), ha confirmado que a día de hoy esta velocidad de generación de desechos supera las medidas adoptadas para hacer frente a su correcto tratamiento, lo cual debe hacer saltar todas las alarmas.

En este sentido, cabe destacar que la primera medida adoptada por la comunidad internacional fue la suscripción del Convenio de Basilea en 1992. Un total de 170 países, entre los que no se encuentra Estados Unidos, se adhirieron a este acuerdo que regula la eliminación de los desechos peligrosos para la salud y el medio ambiente -incluidos los RAEE- y prohíbe su traslado transfronterizo.

Desde entonces, Japón, Suiza o la Unión Europea han desarrollado legislaciones propias sobre la correcta gestión de los residuos electrónicos. En ellas, las autoridades nacionales identifican las responsabilidades de las partes implicadas (administración, consumidores, fabricantes y distribuidores) y promueven la inversión e implantación de los sistemas de tratamiento más avanzados del mercado, así como campañas de información y sensibilización ciudadana, institucionales y empresariales.

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José Pérez, consejero delegado de Recyclia*

* Recyclia es la plataforma que gestiona a cuatro SIG: Ecopilas, Ecofimática, Ecoasimelec y Tragamóvil, fundaciones dedicadas a la recogida selectiva y el reciclaje de pilas usadas y RAEE.