(www.elpais.com.co) El desarrollo tecnológico, que le brinda a la humanidad tantas facilidades y oportunidades, le causa hoy al Planeta uno de los peores daños ambientales, mientras tiene efectos letales sobre la salud. ¿A dónde van a parar los sofisticados aparatos que hace poco fueron útiles, quedaron obsoletos y terminaron desechados?

Con el mismo ritmo acelerado con el que avanzan la ciencia y la tecnología, se generan toneladas de basura que comienzan a inundar océanos, campos y ciudades. En el año 2014 terminaron en la caneca 41,8 millones de toneladas de esos residuos en el mundo y dentro de dos años la cifra llegará a 50 millones. En su mayoría son desechos que no se degradan, mientras apenas un 17% se reciclan, lo que significa que 35 millones de toneladas están regados por la Tierra.

El problema no es sólo que esos desechos formen montañas de escombros, inunden los ríos hasta ahogarlos o terminen como materia prima para un mercado clandestino que se aprovecha en especial de países menos desarrollados para comercializar aparatos obsoletos o sin vida útil. Siendo todo eso grave, la peor consecuencia es que en su fabricación se utilizan materiales tóxicos como plomo, mercurio litio o cadmio, letales si no se manipulan con precaución o que contaminan todo a su alrededor cuando quedan expuestos sin la debida precaución.

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Si a ello se añade que en algunos, como los celulares, se usan metales que atraen a los recicladores, el problema es peor. En países como África y Asia, donde se ‘exporta’ la mayoría de basura tecnológica, son comunes las hordas desbaratando aparatos para obtener algunos gramos de oro o plata, en lo que se ha convertido en un negocio tan lucrativo como el tráfico de drogas ilícitas, según Naciones Unidas. Poco importan los efectos sobre su salud o que en el proceso se liberen componentes tóxicos que degradan la naturaleza.

El récord de basura tecnológica lo ostentan los Estados Unidos y China, responsables de producir el 30% de esa chatarra, lo que los convierte en los mayores contaminantes del mundo. Colombia no es ajena a ello: en el país se botan cada año 214.000 toneladas de tales residuos, que si se cargaran en tractomulas estacionadas en fila, abarcarían un espacio similar al que hay entre Cali y Tuluá, cerca de 115 kilómetros. Si bien el país cuenta desde el 2015 con una Política Nacional de Gestión Integral de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, los avances en la práctica son pocos si se tiene en cuenta que sólo el 11% es reciclado o manipulado de manera adecuada.

¿Qué hacer entonces para enfrentar uno de los mayores peligros ambientales para el Planeta? Lo ideal sería que se produjeran aparatos tecnológicos de vida más larga y se promoviera la cultura del reciclaje, así como regular la disposición final de esos desechos. Pero la fórmula más efectiva es educar y generar conciencia para que cada persona se pregunte si en verdad es necesario seguir el vertiginoso desarrollo que obliga a cambiar cada vez con más frecuencia su celular o su computador, o si es más importante evitarle al Planeta el daño y la contaminación que causan los escombros tecnológicos.