¿Y si una ciudad decidiera prohibir los relleno sanitarios y basureros? ¿Y si lo reaprovecháramos todo, como hace la naturaleza, en un flujo incesante en el que todo cobraría un nuevo valor?”Los holandeses se adelantaron cuando decidieron sellar sus vertederos en 1995 por razones ambientales y por limitaciones de espacio. Con la cultura de usar y tirar dejó de ser viable. Eso obligó a repensar el modelo de producción y consumo”.

Sophie Thomas cayó atrapada en la dinámica de la economía circular durante una visita a los Países Bajos. A su vuelta a Londres decidió embarcarse en un viaje de cuatro años que se llamó The Great Recovery y que ahora toca a su fin: “El reto ha sido deconstruir los sistemas de fabricación, del productor final al diseño original, y encontrar rutas alternativas para cerrar los ciclos”.Diseñadores, químicos, expertos en materiales, emprendedores, innovadores, gestores de recursos, académicos, consumidores y legisladores han hecho girar la rueda hasta el informe final La Gran Recuperación, a tiempo para el festival Resource, que convocó esta semana en Londres a los máximos exponentes de la economía circular. Entre ellos, Andy Ridley, el padre de la Hora del Planeta, al frente ahora de Circle Economy, convencido de haber dado con la ecuación perfecta para el futuro económico y ambiental.”

La economía circular permite crear valor donde antes había pérdidas. Es también un motor para la creación de empleo. Es vital para la recuperación de materiales cada vez más escasos. Y sirve para relocalizar los procesos productivos y reducir las emisiones de CO2″.Desde su epicentro en Ámsterdam, Circle Economy aspira a crear una red de ciudades circulares a la que pronto se sumará Glasgow, gracias también al impulso de Zero Waste Scotland.

Aunque la avanzadilla británica es Peterborough, que cuenta con su propio departamento de economía circular para maximizar los flujos de materiales, agua, energía, alimentos y residuos orgánicos, con la meta utópica de lograr que la ciudad de 200.000 habitantes funcione “como un organismo vivo”.En Londres, entre tanto, la red de redistribución de recursos Warp It se da la mano con el plan de acción de residuos WRAP, o con iniciativas como el Re-Use Network (que aspira a reusar hasta 40.000 toneladas de muebles todos los años) o el Repair Project (difundiendo la cultura de “reparar y no desesperar” barrio a barrio).

Recipro es la referencia obligada para las empresas de construcción, mientras que Globechain se convierte en plataforma para reusar, revender y reciclar entre empresas.Aún hay más: Goldfinger Factory ha abierto brecha en el campo de la “minería urbana”,la Agency of Design se especializa en diseños para durar (como la tostadora “optimista”) y en el Fab Lab le dan vueltas al plano de Londres con una mentalidad digital y circular.

Aunque el gran catalizador ha sido The Great Recovery, creado por la Royal Society of Arts, que ha llegado a una inquietante conclusión: “El 80% de los productos se desechan en los primeros seis meses de vida”.Londres ha sido el conejillo de indias de esta gran disección de la sociedad del despilfarro. Apoyándose sobre la mesa multicolor de The Great Recovery, Sophie Thomas recuerda las patas en las que deberán apoyarse los diseñadores: “Los productos tendrán que ser concebidos para una larga vida. Tendrán que tener en cuenta la recuperación de materiales. Y habrán de ser pensados para su uso compartido o en leasing, más que para ser poseídos”.