Mientras los residuos de aparatos crecen, los usuarios no saben qué hacer con ellos; de cara al cambio de TV’s en México no hay opciones para los viejos equipos

Un hombre que parece rebasar apenas los 50 años observa cuidadosamente un pequeño dispositivo que parece ser una agenda electrónica. Finalmente toma un cincel y un martillo del fondo de la pequeña carreta estacionada a su lado y le da un golpe, mientras permanece sentado en la banqueta que le sirve para tomar un descanso y examinar el interior del accesorio electrónico. Espera encontrar un poco de cobre que pueda incorporar a la serie de fierros y aparatos desvencijados que ha logrado recolectar.

Según datos del Banco Mundial, alrededor de 70 millones de personas en todo el mundo viven de la recolección de residuos sólidos. Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, también conocidos como RAEE, son el grupo de mayor crecimiento en el mundo. La SEMARNAT estima que 75% de estos residuos en nuestro país se encuentran almacenados al interior de casas y oficinas porque la gente simplemente no sabe cómo deshacerse de ellos.

La primera opción, la más sencilla para mucha gente es entregarlos a los chatarreros y pepenadores. Cuando el aparato no tiene arreglo, hacen una separación rústica de materiales para tratar de venderlos a los pequeños y medianos centros de acopio que adquieren todo tipo de basura comercializable, pero generalmente los restos son abandonados en terrenos baldíos o enterrados y quemados de manera clandestina.

La odisea de reciclar

El Ingeniero Álvaro Núñez, director de la empresa Recicla Electrónicos México (REMSA), fundada en 2009 con su planta de reciclaje en la ciudad de Querétaro y acreditada con ISO 14000 (Estándar internacional de gestión ambiental), señala que en México se generan 1.2 millones de toneladas de residuos electrónicos, lo que nos convierte en el segundo generador de este tipo de desechos en Latinoamérica, después de Brasil.

Según datos del Banco Mundial, para finales del 2105 se calcula que este último país llegue a generar 1.6 millones de toneladas de desechos electrónicos que aumentaron tras la compra de nuevas televisiones durante la fiebre mundialista.

“En México todavía no alcanzamos ni 5% de reciclado de nuestro volumen de desechos de RAEE. El problema principal parte del desconocimiento, muchas personas en el país no saben qué hacer con este tipo de residuos, no saben qué se pueden reciclar. Se sigue pensando que la única opción es mezclarlos con la basura normal o venderlos a los que van tocando de casa en casa”.

El problema principal de entregarlos de esta forma es que después de que son extraídas las piezas de utilidad, los elementos sobrantes son abandonados en terrenos baldíos o en depósitos no aptos para su manejo especial, donde las sustancias peligrosas que contienen acaban convirtiéndose en lixiviados que contaminan rápidamente los mantos freáticos.

Núñez señala que a nivel empresarial las impresoras son el tipo de desecho electrónico que más se genera en la actualidad en nuestro país, porque cuando se descomponen sale más cara la reparación que la compra de un nuevo producto. “En las casas, la gente genera muchos desechos de aparatos básicos que por sus costos, son prácticamente considerados como desechables, como los DVD’s que pueden costar 300 pesos, pero su duración es de un par de meses”, señala y explica que estas aparentes gangas lo único que hacen es generar más fuentes de contaminación.

Según datos del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), existen dos grupos de sustancias tóxicas que pueden afectar la salud y el medio ambiente al concluir la vida útil desechos electrónicos: los compuestos orgánicos policromados, conocidos también como retardadores de flama bromados (BFR), y los metales pesados, como cadmio, cromo hexavalente, mercurio y plomo, entre otros.

Las paradojas de la tecnología han logrado que materiales pensados para salvaguardar la vida del consumidor, como plásticos que retardan el fuego o metales como el óxido de plomo incorporado en cristales para evitar que los rayos emitidos por un monitor sean dañinos, se han convertido en materiales altamente contaminantes.

El que una empresa formal de reciclaje reciba el producto también garantiza que se logre recuperar mayor cantidad de materia prima y los tóxicos del producto sean eliminados de manera adecuada, pero esto también requiere asumir los costos, de todo tipo, que se necesitan para generar la cultura del reciclaje.

“Según información de la más reciente E-Scrap Conference, un encuentro de especialistas en la industria del reciclaje electrónico, los niños de cinco a 15 años de edad generan hoy la misma cantidad de desechos electrónicos que una persona que actualmente tiene 60 años”, comenta y señala que es por esto que los esfuerzos educativos sobre la cultura del reciclaje deben enfatizarse en los niños de estas edades.

Núñez comenta que las tecnologías de reciclaje utilizadas en varios países de Europa o en Japón suelen tener procesos automatizados de reciclaje electrónico, pero con un bajo nivel de eficiencia. “Todo lo trituran, sin diferenciar, por lo que no pueden recuperar la misma cantidad de materiales. Así como hay plantas armadoras, nosotros somos una planta desarmadora de productos electrónicos y al recuperar piezas completas, se logran tazas muy altas de recuperación de materias”.

“Es importante que los gobiernos estatales o las empresas que buscan una salida a sus residuos, sepan diferenciar qué empleo le darán a sus productos porque aunque existen ofertas tentadoras de empresas que ofrecen incluso pagar alguna cantidad de dinero por los productos en desuso, la realidad es que acaban en ciudades de China o África en el contrabando y manejo ilegal de estos recursos”, señala y agrega que sin ir tan lejos, incluso en nuestro país hay zonas, como Tlachaloya, cerca de Toluca, famosas por el mal manejo de residuos electrónicos. “Hay mucha competencia desleal, mucha gente que dice reciclar, pero en realidad no lo hace”.

Pero no todos los desechos tienen que correr esta suerte, pues cuando se trabajan los desechos con la tecnología adecuada, se pueden encontrar formas de darle nueva vida a los materiales. “En el caso del vidrio tenemos una patente en trámite para un proceso mediante el que se liberan de contaminantes y logramos fabricar productos para la construcción, como pisos y adoquines”.

¿Responsabilidad de quién?

“En otros países existen leyes de responsabilidad extendida, esto significa que el que produce, también se hace cargo de la disposición del producto cuando acaba su vida útil. En México estamos regidos por la responsabilidad compartida. Entonces tanto gobierno, productor y ciudadano tienden a asumir que el desecho es responsabilidad de alguien más”, señala Núñez.

Según datos del INECC, la etapa de recolección y transporte es la más costosa en el proceso de reciclaje e incluso puede representar más del 80% del costo total del proceso, lo que ahora representa un grave problema para la correcta gestión de desechos incrementada por el llamado apagón analógico. Núñez explica que algunos aparatos permiten ser sustentables para mantener un servicio gratuito, pero hay otros aparatos en los que es muy complicado mantener el proceso.

“En el caso de las televisiones, el modelo no logra ser sustentable. Se vuelve inviable reciclar cuando este producto está constituido en más de 70% por vidrio y plástico. El precio de un kilo de estos productos está en alrededor de 80 centavos, pero necesita trabajo especial porque es material contaminado con metales pesados”.

“Nosotros vivimos de la venta de las materias primas que logramos reciclar y una empresa formal y certificada tiene que cumplir con muchos requerimientos. Es ahí cuando se tiene que examinar si es viable seguir reciclando sin cobrar”, señala y subraya que actualmente sólo reciben televisiones siempre y cuando se pague el servicio de reciclado.

A pregunta expresa sobre la existencia de un plan nacional para el manejo de estos desechos, Diana Aspiros, directora de información de la SEMARNAT, comenta que están trabajando en ello. Información compartida de la Subsecretaría de Fomento y Normatividad Ambiental de esta institución señala que se implementará un programa dirigido al acopio y reciclaje de los televisores analógicos desechados, que va más allá de su recolección y confinamiento y donde las autoridades estatales y municipales serán grandes aliadas, pero aún no hay especificaciones sobre cómo y cuándo será realizado este plan.

Javier Garcin, de la Fundación Mexicana para el Reciclaje Tecnológico a favor de la Educación (RET), una asociación civil con base en Toluca, señala que con el cambio de televisiones en nuestro país, se calcula que se desecharán 15 millones de televisiones en los próximos años. “Existe un programa federal muy publicitado para repartir más televisiones, pero aún no se ha visto este mismo impulso para canalizar los desechos. Llegar a más de 100 millones de habitantes de la noche a la mañana no es algo sencillo”, señala.

 

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