La llamada “chatarra electrónica”, compuesta por todos aquellos residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) que quedan en desuso, comúnmente terminan dispuestos en rellenos sanitarios o basurales a cielo abierto, debido a que la población con frecuencia desconoce las consecuencias sobre la salud cuando su tratamiento no es el adecuado.

Según datos provistos por la ONU, en Argentina se producen 300.000 toneladas de basura electrónica al año, siendo uno de los mayores generadores de este tipo de residuos, ubicándose detrás de México y de Brasil en el ranking latinoamericano. Cada uno de los componentes que integran los aparatos eléctricos y electrónicos no implican ningún riesgo para los seres vivos durante el tiempo que están siendo utilizados. Sin embargo, las complicaciones afloran cuando los materiales se encuentran en contacto con el suelo, al momento de ocupar un lugar en el relleno sanitario.

La Ingeniera Nora María Quiroga de la UNICEN, condensó en un informe todos los riesgos que corren los seres vivos expuestos a ellos. El plomo afecta el sistema nervioso, la médula ósea y produce trastornos renales, aunque también suele simular otras enfermedades, como la esclerosis múltiple, lo cual dificulta el diagnóstico del paciente y el eventual tratamiento. Asimismo, menciona que “recientemente se lo pudo asociar con la generación de conductas antisociales, retraso mental y pérdida de habilidades cognitivas”. Por su parte, el arsénico es tóxico para los organismos acuáticos ycancerígeno para los seres humanos, mientras otros compuestos químicos que se adicionan a las piezas para hacerlas resistentes al fuego, pueden interferir con el crecimiento y el desarrollo sexual. Luego de ser expuestos los seres vivos por un tiempo prolongado a metales pesados como el cadmio, el plomo, el níquel y el mercurio, contenidos en placas, circuitos, conectores y cables, pueden sufrir daño renal progresivo e incluso insuficiencia renal terminal.

En esta dirección, la importancia de un espacio como Punto Limpio dentro de nuestra ciudad se incrementa debido a la posibilidad que nos abre de transitar un camino hacia un desarrollo sustentable, sin dejar tóxicos no degradables librados al azar. Este espacio, en conjunto con otras organizaciones, garantiza un tratamiento apropiado de cada una de las piezas que componen estos dispositivos y anticipa un bajo impacto sobre el medio ambiente y, principalmente, sobre la salud de las personas.

Greenpeace, como organización que fomenta el cuidado del medio ambiente, también se ocupó de la problemática: