Europa marca unos objetivos para los próximos años que en el caso de la provincia obligará a apostar por la materia orgánica

RAQUEL GARRIDO MÁLAGA 

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El reto es que en el año 2020 el 50% de los residuos que se generan tendrán que ser reciclados. Ya no será suficiente con la recogida y tratamiento selectivo de vidrio, envases o papel y cartón, principalmente, como hasta ahora. Los municipios tendrán que ir más allá para conseguir acercarse a los exigentes objetivos que marcará la Unión Europea en su ya anunciada nueva directiva y a la que tendrán que adaptarse todos los países miembros. El llamado paquete de economía circular obligará a abrir nuevos campos y la materia orgánica, fundamentalmente los restos de comida que terminan ahora en la basura, es la vía que más puede contribuir para mejorar los actuales datos de reciclaje. En la provincia de Málaga, en cambio, aún no se ha empezado en ningún municipio con la recogida selectiva de este residuo.

No será tarea fácil si se tiene en cuenta el punto de partida. Con datos de 2013, de media en España el 60% de los residuos municipales acaba en vertederos, la tasa de reciclaje ronda el 30% y el 10% son incinerados. Lo que se exigirá cuando entre en vigor la nueva legislación europea es que en 2020 el 50% de todos los residuos deberán reciclarse y solamente un 35% podrán acabar en el vertedero. Diez años más tarde, es decir en 2030, la exigencia europea es aún mayor y ese porcentaje tendrá que reducirse a apenas el 10% y aumentar el reciclaje hasta el 65%.

Las administraciones y empresas encargadas de la gestión de los residuos en la provincia de Málaga ven complicado cumplir en tan poco tiempo con unos objetivos tan ambiciosos. Pero todos coinciden en que, explotados ya el resto de residuos, la única alternativa que encuentran para incrementar sus resultados es apostar por la materia orgánica. Es donde se abren las mayores posibilidades para lograr los objetivos europeos, no solamente porque en la provincia de Málaga no se recoge ni se recicla aún en ningún sitio, sino porque ocupa el grueso de los residuos que llegan al vertedero.

De hecho, se calcula que casi el 50% de la basura doméstica la compone la materia orgánica, en la que se incluyen restos de comida, vegetales, frutas, cáscaras de huevo, moluscos, restos de infusiones, hojas y ramas.

El Consorcio Provincial de Residuos, dependiente de la Diputación Provincial de Málaga y que da servicio a 91 de los 103 municipios malagueños, quiere anticiparse y se convertirá en pionero al poner en marcha dos experiencias piloto para la recogida selectiva de este residuo. La primera, más avanzada y que comenzará el próximo otoño, se desarrollará en Vélez-Málaga, donde está previsto colocar 100 contenedores específicos para la materia orgánica.

En colaboración con la empresa Contenur, la idea es hacer un estudio sobre los hábitos de los ciudadanos a la hora de depositar los residuos, ya que a todos se les repartirá una tarjeta identificatoria que deberán pasar por el contenedor y que permitirá saber después cuánto y cómo reciclan.

Con las conclusiones que se extraigan, “se verá cómo se puede ir implantando en el resto”, explica Francisco Zurita, director de servicios ambientales del Consorcio Provincial de Residuos, que además está a la espera de obtener financiación europea para otro proyecto piloto similar que llevará a cabo en Alameda, Mollina, Fuente de Piedra y Humilladero.

No hay nada similar previsto de momento en el resto de la provincia. Sin embargo, en Málaga capital, donde es la empresa mixta de limpieza Limasa la que se encarga de la gestión de los residuos, el director del centro ambiental de Los Ruices, Javier Pazos, tiene claro que la única salida para alcanzar el objetivo de reciclado es apostar por ella. En su opinión, primero habría que empezar por los grandes productores, que se estima que generan el 20% del total de este residuo, y “luego ya seguir con proyectos pilotos en barrios para ir concienciando a la ciudadanía y eso lleva su tiempo”.

También considera necesario ampliar los residuos que se destinan al contenedor amarillo, como el plástico y el metal y no solamente envases como se hace actualmente, y reforzar los sistemas de recogida separada con “más comunicación e incentivos como aplicar tasas por generación”.

Hasta ahora lo que se hace con la basura que llega de los contenedores grises es bastante limitado. En el centro ambiental de la capital, se hace una separación manual para retirar la parte de voluminosos y restos de metal, principalmente, para después separar la materia orgánica, que se deposita en la llamada área de fermentación abierta para que al cabo de ocho semanas el resultado sea un producto con un 50% menos de peso considerado como bioestabilizado. El problema, según Pazos, es que “por normativa no se puede comercializar como compost al no provenir de una recogida separada, y salvo su uso concreto para pequeñas obras internas o revegetación del propio vertedero, su uso está muy limitado”.

Por todo ello, aseguró que el mayor incremento de reciclaje que se puede conseguir con respecto a la inversión y más rápido retorno es “la continuidad de los sistemas de recogida actuales e introducir otras líneas como el textil”. Y es que hay muchos residuos que no cuentan con un procedimiento de gestión concreto, como es el caso por ejemplo de los colchones, y que al final terminan el vertedero como el resto de la basura.

En el complejo medioambiental de Casares, donde van los residuos que generan once municipios del litoral occidental y que es propiedad de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol, el año pasado se llevó a cabo una actuación para la instalación de una línea anexa a la planta de tratamiento que ha permitido que, una vez separados todos los residuos aprovechables, “se reprocese de nuevo todo lo rechazado inicialmente antes de llevarlo al vertedero para aprovechar plásticos, bricks, aluminio o metal que se hayan podido pasar en la primera fase”, explicó el director técnico de las instalaciones, Marco Antonio Navarro.

También está inmerso el complejo en un nuevo proyecto que permitirá recuperar los envases de vidrio que llegan en las bolsas de basura por no haber sido depositados correctamente en los iglúes verdes, y que a día de hoy terminan en el vertedero. Con una inversión de dos millones de euros y un plazo de ejecución de seis meses, la idea es que para el año que viene esté en funcionamiento la nueva línea de la planta, pero con la que de cara al objetivo de 2020 se calcula que sólo supondrá un aumento del 2%.

De todas formas, el procedimiento legislativo está aún en pleno desarrollo. Para empezar porque todavía no está aprobado el texto definitivo de la nueva directiva de residuos, en la que se apuesta por el paquete de economía circular para ayudar a las empresas y los consumidores europeos en la transición a una economía más sólida y circular donde se utilicen los recursos de modo más sostenible.

El cambio de gobierno de la Comisión Europea en 2014 hizo que se revisara el borrador originario y no se cree que sea aprobado de forma definitiva hasta el año que viene. Después los estados miembros tendrán 18 meses para adaptarlo a su propia legislación y serán las comunidades autónomas las que tengan que hacer su propio reglamento. Pero en base al primer borrador de la directiva, España hizo su propio Plan Estatal Marco de Residuos (Pemar), en el que ya se incluyen los principales objetivos europeos de reciclaje, que apenas han sido variados en el nuevo texto pendiente de aprobación por parte del Parlamento europeo.

Según la propia Comisión Europea, las acciones propuestas contribuirán a “cerrar el círculo” de los ciclos de vida de los productos a través de un mayor reciclado y reutilización, y aportarán beneficios tanto al medio ambiente como a la economía de la producción y el consumo con la gestión de residuos y el mercado de materias primas secundarias. En ese contexto, los objetivos que marca la Unión Europea para los residuos en los que desde hace ya se trabaja en la recogida selectiva son igualmente muy ambiciosos. En el caso del vidrio, la entidad sin ánimo de lucro encargada de la gestión de este residuo en España Ecovidrio tiene el reto para 2025 de conseguir que se recicle, al menos, el 75% de todo los envases que se generen y subir un 10% más de cara al 2030.

En el caso de los envases de metal el objetivo de reciclado será del 75% en 2025, para los de plástico un 55% y un 75% en el caso del papel y cartón en el mismo horizonte, entre otros. En cuanto a la recogida selectiva de estos residuos en la provincia de Málaga, los datos son cada año más positivos. La ratio de reciclaje de vidrio está en 13,7 kilos por habitante y año.

Pero sin la colaboración ciudadana todos estos esfuerzos serán en balde. De ahí, que cada vez se incida más en campañas de concienciación para fomentar el reciclaje. Un reciente estudio sobre los hábitos de reciclaje de los españoles, elaborado por el Instituto Apolda para Ecoembes (organización medioambiental sin ánimo de lucro que promueve la sostenibilidad a través del reciclaje de envases domésticos), concluía que entre las razones que se esgrimen los ciudadanos para no reciclar está la falta de espacio en sus hogares (13,7%) para contar con más cubos destinados al reciclaje. En el caso de los que sí reciclan, sus principales motivaciones son el civismo (98,8%) y el cuidado del medio ambiente (96,8%).