La innovadora planta de cristalización de ICL Iberia consigue en Cataluña potasa y sal de la mejor calidad del mundoImagen de la planta de sal vacuum de Súria

Imagen de la planta de sal vacuum de Súria – ABC
JOAN CARLES VALERO

La sostenibilidad es el paradigma que define la nueva era industrial. No en vano, la necesidad de producir con los menores daños posibles al ecosistema, con la mayor eficiencia energética y con la máxima recuperación de productos y residuos, se ha convertido en la meta de la nueva revolución industrial que da pie a la denominada economía circular.

Las nuevas tecnologías posibilitan que el diseño de fábricas y sistemas sostenibles no sean apreciados como un coste adicional, sino como una inversión para lograr mayor eficiencia productiva y ahorros importantes en energía, agua y materias primas, gracias a los cada vez más avanzados procesos de reutilización, dibujando un círculo virtuoso.

Mute

Progress: 0%

Un ejemplo de sostenibilidad en el marco de la economía circular es el plan Phoenix de ICL Iberia en las minas de potasa de la comarca catalana del Bages, en el que la sal pasa a convertirse en un producto comercializable, lo que contribuirá a acabar progresivamente con las actuales montañas que hasta ahora generaban su almacenamiento masivo. Esto es posible gracias a las nuevas tecnologías que permiten purificar la sal, mediante un ciclo cerrado sin generación de agua residual y logrando extraer, además, cuatro productos que antes se escapaban del proceso, asegura Carles Alemán, responsable del desarrollo de nuevos negocios de la compañía. De esta forma, la actividad minera de ICL Iberia, que sostiene mil empleos directos y genera otros cinco mil indirectos, se ha transformado en industria química.

Cuando ICL compró Iberpotash, una empresa minera pública, también adquirió el pasivo medioambiental de los depósitos salinos acumulados. En la modernización de la empresa para que económicamente fuera viable, su presidente José Antonio Martínez Álamo tuvo la visión de apostar por solucionar el problema medioambiental reutilizando también la sal para obtener otros productos mediante la cristalización, y no solo centrarse en la producción de potasa, ya que para extraer un kilo de este mineral se generan tres de sal.

La multinacional aprobó el plan Phoenix de ICL Iberia, un modelo de economía circular en el que la innovación juega un papel fundamental, para unificar las dos minas y canalizar la producción en Súria, cerrando la de Sallent, pero sin costes sociales y asumiendo todos los pasivos medioambientales.

La sal se convierte en un recurso para otros productos

La nueva planta de sal vacuum de Súria, la más avanzada del mundo de sus características, ya ha empezado la fase de pruebas para que a principios de 2017 esté operativa. Se trata de una planta que, tras invertir 80 millones de euros, obtiene una sal de alta calidad, ya que una vez tratada tendrá una pureza del 99,97%.

Máxima pureza

Esta primera planta permitirá a la empresa aprovechar hasta 800.000 toneladas de sal que se generan de la extracción de la potasa y que hasta ahora se acumulaban en depósitos salinos. Con este tratamiento, ICL, que es la única compañía que extrae potasa en España, ofrecerá al mercado sal de la máxima pureza para proveer a la industria electroquímica, además de destinarla al tratamiento de aguas y a la alimentación animal y humana.

Esta es la primera planta de cristalización que ICL ha financiado y construido en Súria y producirá 750.000 toneladas de sal vacuum seca, la más pura del mercado, además de 25.000 toneladas de potasa pura y alrededor de 13.000 de carbonato cálcico precipitado y 13.000 más de sulfato cálcico precipitado. «Antes, todos estos productos iban al depósito salino, pero ahora conseguimos cuatro productos nuevos, reduciendo el consumo de agua y llegaremos a alcanzar el residuo cero con la entrada en servicio de las nuevas plantas», asegura Alemán.

En 2019 está previsto que entre en funcionamiento la segunda fase con una instalación homónima a la actual para alcanzar hasta 1,5 millones de toneladas de producción que ya no irán a la montaña de sal porque se procesarán.

La sal que se produzca en Súria, la de más calidad del mundo, será comercializada por la multinacional holandesa AkzoNobel, en virtud de los acuerdos alcanzados con ICL Iberia, y se distribuirá por todo el mundo desde el puerto de Barcelona.