Carlos Pagura

CARLOS PAGURA, ambito.com
Teresa Ribera, directora de IDDRI, se dedica al análisis de las condiciones de desarrollo sostenible.

Teresa Ribera, directora de IDDRI, se dedica al análisis de las condiciones de desarrollo sostenible.

La noticia retumbó esta semana en los mercados: la capitalización de Tesla, el fabricante estadounidense de coches eléctricos, superó en Wall Street a Ford y General Motors. Sin embargo, sus ingresos globales y la cantidad de vehículos vendidos están a años luz de los de las automotrices tradicionales. ¿Inicio de una tendencia? ¿Burbuja financiera? Sobre la fiebre que despertó la compañía californiana entre los inversores, ámbito.com dialogó con Teresa Ribera, directora de IDDRI (Institut du Développement Durable et Des Relations Internationales), institución internacional dedicada al análisis de las condiciones de desarrollo sostenible y protagonista fundamental del histórico acuerdo alcanzando en la última cumbre del Clima de París.

Periodista: ¿Las inversiones comenzarán a migrar hacia las empresas de la economía verde?

Teresa Ribera: Será inevitable. Cada vez somos más en el planeta, cada vez más interdependientes y los recursos son los mismos. Se está produciendo un proceso de reajuste que deberá incorporar de algún modo el valor y el costo del activo ambiental, porque cuando se degrada el entorno hay consecuencias sociales y ambientales importantes. Aunque no será sencillo, ya que nuestros sistemas económicos no están preparados.

P: ¿Quiénes darán la señal de largada?

TR: Los inversores de mediano y largo plazo y las reaseguradoras están plenamente involucrados. Empezaron a sentir una fuerte curiosidad sobre los riesgos financieros, las expectativas reales de retorno o no retorno y la responsabilidad por los daños ambientales. Con los inversores más inmediatos que buscan un provecho rápido es diferente, porque quieren mantener el máximo rendimiento en el corto plazo, y el largo plazo les importa menos.

P: ¿De qué otros factores depende?

TR: Posiblemente, cuanto más dinero se tiene ya invertido o se espera invertir más se reflexiona al respecto. Otra variable importante es la generacional. Hace poco me impactó mucho una joven vicepresidente de una empresa por su claridad. Dijo en una reunión: “Olvidémonos del modelo tradicional, no es posible desarrollar un negocio si no es sostenible social y ambientalmente a mediano plazo. Se acabó”. Es simple: hay que ser eficientes en el uso de los recursos, sino los emprendimientos no tendrán recorrido.

P: ¿Qué inconvenientes existen?

TR: Tenemos varios problemas, el primero de ellos es que no partimos de una hoja en blanco. Aunque sepamos que determinados modelos no son sostenibles en el mediano y largo plazo, hay mucho dinero y expectativas de retorno basados en ellos, entonces hay que ver cómo salimos de ahí. Nadie está dispuesto a perder dinero masivamente y cualquiera intentará librarse un poco de esa pérdida, o amortizarla lo más que pueda. Por eso no es tan fácil diseñar una estrategia de salida. Por otro lado, aunque se quiera salir, en muchos casos, ni los incentivos ni las opciones están claros. Una empresa tiene grandes inversiones en el carbón y se da cuenta de que no va a ningún lado, allí puede decidir reinventarse… ¿pero cómo?

P: ¿Cuáles son los desafíos de Argentina en la materia?

TR: En la Argentina será interesante seguir el recorrido de la industria agraria y el ‘agro business’. Si se puede mantener, cómo, con qué limitaciones, cómo evolucionará y con cuáles márgenes. Aún se sabe relativamente poco, y cuando se sabe poco la reacción es no moverse hasta ver qué pasa después. Sobre todo si no entiendes bien las alternativas. Pero no moverse también hace crecer las dificultades.

P: ¿A qué se debe el boom de Tesla en la bolsa de Nueva York?

TR: El mundo de los coches es claramente disruptivo. Cuanto más concentrado es un mercado y menor el incentivo a innovar, más difícil es para las empresas que vienen detrás atreverse a dar un salto. Entonces, aparece alguien que rompe y resuelve el tema por donde nadie lo espera. Era previsible que las alternativas no vendrían de las automotrices tradicionales, ahí es donde surgió Tesla. De repente, aparece algo completamente diferente, con una nueva apuesta tecnológica y sorprende al mercado. Aunque de ahora en más tendrá otros desafíos: qué pasará con sus baterías, cómo se gestionará la empresa, etc.

P: ¿Puede tratarse de una burbuja financiera?

TR: Es verdad que estamos en un momento de gran incertidumbre, al igual que pasó con las puntocom. Se percibe que habrá evoluciones tecnológicas importantísimas, se entiende que la apuesta tradicional a largo plazo ya no vale, pero todavía hay dudas sobre cómo van a a evolucionar algunas apuestas. ¿El gran suceso será el hidrógeno, la pila de combustible, será el coche eléctrico de Tesla? Al pensar dónde colocar el dinero, pueden producirse situaciones arriesgadas en la que quizá en algún momento los inversores deban salir y allí pueden producirse burbujas que se pinchen y ese dinero se recoloque.

P: ¿Cómo empieza el proceso de cambio en las empresas?

TR: Los sectores financieros, excepto los de la apuesta permanente que juegan a la ‘ruleta rusa’, son por definición prudentes, cobardes y van a lo seguro. Y una vez que descubren que se les ha escapado la evaluación de un riesgo que les puede generar un costo elevadísimo, se empiezan a interesar en cómo pueden disminuirlo. Es interesante ese movimiento de los inversores de mediano y largo plazo. Hay grandes fondos de inversión que de pronto descubren que tienen que deshacerse de activos que consideraban beneficiosos y que pasaron a ser tóxicos. Por tanto necesitan una estrategia que permita disminuir y diversificar ese riesgo.

P: ¿Es un proceso largo?

TR: Deben aprovechar su ciclo natural, en el que cada año se libera una porción de sus activos para reinvertir: ese porcentaje lo deben destinar a bienes que ya no tengan riesgo o estén mucho más controlados. Si cada año mueven u$s 4 mil o u$s 5 mil millones, tardarán entre 15 y 20 años en cambiar completamente su cartera. Los actores clásicos y ultraconservadores ya lo están haciendo. Entre ellos, los jugadores más grandes y los fondos de pensión, que tienden tendencia a huir del riesgo y buscan rentabilidad baja pero segura.

P: ¿Hay manera de hacer más segura esa transformación?

TR: Que cada cual vaya por su cuenta es mucho más inestable. Por eso el G20 ha dicho: como en el fondo sabemos poco, aprendamos juntos, que es la manera más inteligente de evaluar los riesgos y la transparencia. Trump lo distorsionó el día que derogó todas las obligaciones de transparencia que había introducido Obama tras la crisis de la burbuja inmobiliaria en Wall Street. Todo ese proceso de aprendizaje en una pieza tan importante para todo el sistema financiero mundial como es el sistema norteamericano puede perderse. Igual vamos a ver qué pasa, porque ya generó la reacción de algunos actores fundamentales del sistema y una declaración de las grandes empresas. Trump puede hacernos perder tiempo a todos, podrá empeñarse en recuperar la industria del carbón, pero no podrá ir contra la historia.

P: ¿En qué momento de la metamorfosis estamos?

TR: En un momento interesante, aunque convulso y con muchas incógnitas. Es una revolución que se está moviendo deprisa, pero a la vez bastante silenciosa y debajo de la superficie. Es entendible: si quedaran claros todos los riesgos de un día para el otro, y se hicieran públicos, muchas empresas que sabemos que están sobrevaluadas podrían colapsar en Bolsa. Y una situación de pánico no sería deseable en absoluto, sería peor el remedio que la enfermedad y quedaríamos sin alternativa y hundidos en la miseria de un día para otro. Son procesos que se están desarrollando con cierto grado de responsabilidad.

P: ¿Las sociedades incorporaron el tema?

TR: La gente en la calle lo siente pero todavía no lo incorpora a la agenda, no exige en esa medida. Nos ha costado bastante pero lo entendimos: hay poca escapatoria. Y al ser todos muy interdependientes, si Occidente no se reinventa a la velocidad requerida, será más difícil y costosa la adecuación del sistema financiero. Tendremos tormentas por delante, pero será apasionante. Hay capacidades sorpresa en muchos países, en otros casos la innovación pasa por revisitar viejas prácticas culturales que se fueron abandonando y servían. Como pasa con la bicicleta, que está revolucionando la movilidad de las ciudades adaptándose a las ventajas actuales: ahora la podés alquilar y reservar por una aplicación en el celular. Como la agricultura ecológica, que parece algo nuevo pero en realidad es un retorno obligado porque el tomate ya no tiene sabor a nada. La claves es que nos dimos cuenta de que hay que hacer las cosas de modo diferente, y ya no vale escudarse en excusas. Claro que hay rebeliones de quienes tienen miedo a perder más: eso hasta cierto punto es lógico, pero hasta cierto punto inaceptable.