elpais.com / MANUEL PLANELLES

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La generación de electricidad en Europa con este mineral camina hacia su fin. En España centrales térmicas y yacimientos se preparan para el cierre progresivo

El carbón toca a su fin

Asistió al nacimiento en 1951 del germen que dio lugar a la Unión Europea. Aunque mucho antes de la creación de aquella Comunidad Europea del Carbón y el Acero, este mineral ya había alimentado la Revolución Industrial. La misma Europa que cimentó su crecimiento en el carbón lidera ahora el movimiento para desengancharse de este combustible fósil, el más contaminante y el que más gases de efecto invernadero emite al producir electricidad.

Una combinación de políticas europeas -motivadas por una mayor conciencia medioambiental- y razones de mercado -el coste de las renovables sigue cayendo- han hecho que la UE haya construido una estructura legislativa encaminada a sacar el carbón del mix energético. La Agencia Internacional de la Energía, en su último informe sobre el carbón, pronosticaba que su consumo para electricidad se reducirá un 4,1% cada año en la UE de aquí a 2021.

La agencia señalaba como factores determinantes “el marco climático y energético” -Europa se ha comprometido a que su sector eléctrico estará limpio de gases de efecto invernadero en 2050-; el sistema de derechos de emisiones que pone precio al CO2 expulsado; y “el aumento de la oposición pública y la disminución del apoyo financiero de los bancos” y fondos a la construcción de plantas de carbón.

Eurelectric -la asociación que representa a 3.500 compañías de la UE- lo ha puesto negro sobre blanco: las eléctricas no construirán más centrales de carbón en Europa después de 2020. Eso sí, de esta reciente declaración se han descolgado las compañías de Grecia y Polonia; este último país -donde el 80% de la electricidad se genera con carbón- es el ogro de la lucha europea contra el cambio climático.

Pocos dudan que las renovables son el futuro, pero hasta que se desarrollen los grandes sistemas de almacenamiento hará falta una pareja de baile para que respalde la solar, la eólica y la hidráulica cuando no haya sol, viento y agua en los pantanos. El carbón y el gas -menos emisor de CO2- cortejan a las renovables para esta transición.

“Nuevas plantas no va a haber”, apuntala Carlos Fernández Álvarez, responsable del informe del carbón de la Agencia Internacional de la Energía. “Aunque el carbón se seguirá usando”. La duda es hasta cuándo.

Fuente: elpais.com / MANUEL PLANELLES