Las 11 instalaciones que forman parte de esta asociación (10 en España y 1 en Andorra) trataron en 2016 cerca de 2 millones y medio de toneladas de residuos no reciclables, evitando que estos fuesen depositados en vertedero


Las 11 plantas (10 en España y 1 en Andorra) integradas en AEVERSU (Asociación Española de Empresas de Valorización Energética) trataron el año pasado cerca de 2 millones y medio de toneladas de residuos urbanos no reciclables, logrando producir a partir de los mismos 1.806,3 GWh de energía, suficiente para abastecer 450.000 hogares.

Con ello, la asociación quiere evidenciar el trabajo realizado por las instalaciones adscritas a la misma al poner en valor aquella parte de la basura que, de no seguir este camino, acabaría desperdiciada en vertedero, con el consiguiente perjuicio medioambiental y para la salud pública.

En este sentido, recuerda que los vertederos emiten anualmente cerca de 11 millones de toneladas de CO2 equivalente, 19 veces más que las plantas de valorización energética, con la particularidad de que precisan de mayores extensiones de terreno, con el consiguiente impacto paisajístico, amén de los riesgos de contaminación derivados de la alta producción de lixiviados y de biogás, que no siempre puede ser valorizado energéticamente.

Tras la publicación de los últimos datos estadísticos de Eurostat relativos al año 2015, y en los que se deja constancia de una reducción del uso del vertedero en Europa de 2 puntos, bajando del 28% al 26%, la asociación lamenta que en España este porcentaje se siga perpetuando en el 55% y que, por tanto, la energía contenida en la parte no reciclable de los residuos se siga enterrando en vertedero, y ello a pesar de la alta dependencia energética exterior de nuestro país y el masivo consumo de combustibles fósiles.

MÁS RECUPERACIÓN, MENOS VERTIDO

De acuerdo con el concepto de economía circular, en la que el máximo aprovechamiento de los productos adquiere todo su protagonismo, AEVERSU se remite al escenario dibujado por los países del norte y centro de Europa, donde la valorización energética está perfectamente asentada, compartiendo pleno protagonismo con el reciclaje, situándose el vertido en niveles inferiores al 3%. El caso más paradigmático es Alemania, país que, con 99 plantas de valorización energética, ha conseguido llegar al vertido técnico cero.

En este contexto, la organización se remite al posicionamiento del Parlamento Europeo, que quiere ir más allá de los objetivos contemplados en el paquete europeo de economía circular, publicado en diciembre de 2015, proponiendo el incremento de las tasas de reciclado hasta el 70% en 2030 y la disminución del vertido al 5%.

A juicio de la asociación, reducir la cantidad de residuos enviados a vertedero, bien por medio de impuestos o por prohibición directa, constituiría una de las vías más eficaces para que España pueda avanzar en la senda de los países europeos más desarrollados y comprometidos con el medio ambiente. Insiste igualmente en que la valorización energética no es un fin en sí misma, sino que constituye una parte que se sitúa dentro de una gestión jerarquizada de los residuos en la que la aplicación práctica de las tres erres (reducción, reutilización y reciclaje) debe ser una prioridad, complementándose con la conversión, en calor y energía (teniendo el 50% carácter renovable), de aquellos residuos que, dadas sus características, no pueden ser reutilizados ni reciclados.

Además de la recuperación de energía, tras el tratamiento térmico de los residuos, se recuperan también materiales férricos, y pueden valorizarse las escorias como escograva para emplear en materiales de construcción o regeneración de canteras.

FIABILIDAD, UNA DE SUS PRINCIPALES CUALIDADES

Las actuales plantas de valorización energética, que destacan por su evolución, robustez, fiabilidad, modernidad y vanguardismo, son capaces de compatibilizar su operativa industrial con la protección del entorno, cumpliendo rigurosamente con la normativa aplicable, mucho más estricta que la que rige para otras infraestructuras industriales.

Además de todo ello, cabría destacar su indiscutible vocación de servicio público, aportando una solución limpia, moderna, eficaz y eficiente a la gestión y tratamiento de los residuos, que transforma en recursos. Una prioridad en el nuevo modelo de desarrollo definido por la economía circular y una prioridad en nuestro país de cara a su sostenibilidad.