En la anterior legislatura, mientras que en Gipuzkoa se apostaba por un modelo de separación de residuos en origen, compostaje de la materia orgánica cruda y cocinada –que supone casi la mitad del residuo de nuestra bolsa de basura– y se alcanzaban unas tasas de reciclaje punteras en Europa, desde Bizkaia se inflaban las cifras de reciclaje mintiendo y manipulando datos.

El pasado lunes por la mañana una imagen sorprendió a las personas que paseaban por la Gran Vía bilbaina: un gran camión de basura desparramaba frente al Palacio Foral toneladas de botellas y envases sin estrenar, bien limpios. Allí esperaban, escobón en mano, el diputado general de Bizkaia, Unai Rementeria y la Diputada de Sostenibilidad y Medio Natural, Elena Unzueta.

Alegres y sonrientes invitaban a la ciudadanía a involucrarse en el reciclaje de residuos, no sin antes echarnos en cara el «habernos relajado». Tras este reproche generalizado, parece que los máximos responsables de la Diputación Foral de Bizkaia quisieran colectivizar la responsabilidad del fracaso de un modelo de gestión de residuos que han vendido como modélico. No por repetirla mucho una mentira se convierte en verdad.

Y todo hay que decirlo, en cuestión de reciclaje, nos llevan mintiendo muchos años. Dice la canción del exitoso grupo Berri Txarrak que «el tiempo es el único polígrafo», y razón no le falta. El paso de los años ha puesto a cada uno en su sitio y ha desvelado las auténticas razones que se escondían detrás del modelo de gestión de residuos urbanos que con tanto empeño –y colaboradores necesarios– ha impulsado el PNV en Bizkaia, y ahora en Gipuzkoa, para desgracia de nuestros vecinos al este de la A-8.

En la anterior legislatura, mientras que en Gipuzkoa se apostaba por un modelo de separación de residuos en origen, compostaje de la materia orgánica cruda y cocinada –que supone casi la mitad del residuo de nuestra bolsa de basura– y se alcanzaban unas tasas de reciclaje punteras en Europa, desde Bizkaia se inflaban las cifras de reciclaje mintiendo y manipulando datos. ¿Se acuerdan del ex-diputado de Medio Ambiente Iosu Madariaga anunciando que el reciclaje efectivo de residuos en Bizkaia en el 2014 era del 67,7%? ¿Cómo es que en sólo 2 años ha caído hasta el 43,78? Si mintieron entonces, ¿Quién nos garantiza ahora que la última cifra dada es cierta?

El objetivo no era otro que apuntalar la campaña político-mediática contra el sistema de gestión alternativo que con mayor o menor acierto, en lo que a la gestión social del mismo se refiere, EH Bildu estaba implementando en Gipuzkoa. Y de paso allanar el terreno a la construcción de la incineradora de Zubieta, una instalación absolutamente innecesaria si la analizamos desde la perspectiva de optimización de las infraestructuras destinadas al tratamiento de residuos existentes en los distintos territorios históricos vascos.

En Bizkaia, a pesar de que nos venden la fórmula de las 3 Rs (Reducir, Reutilizar, Reciclar), todo el sistema de gestión de residuos sólidos urbanos está destinado a un único objetivo: dar de comer a Zabalgarbi. Una incineradora de gran capacidad que si no se alimenta de basura, carece de sentido. Pero es que Zabalgarbi, la quinta empresa más contaminante de la Comunidad Autónoma del Pais Vasco, es la piedra angular sobre la que pivota la política de gestión de residuos en Bizkaia. Por eso ha fracasado el reciclaje en Bizkaia, porque el PNV confunde la recogida con el tratamiento, porque lo que les importa es el destino de la basura (quemarla) y no separarla adecuadamente en origen. Ya lo decía el ínclito Azkuna, «no os preocupéis por las basuras, tirarlas a la calle que nosotros las recogemos». Por eso Unai Rementeria nos anima a todas las bizkainas a «abarrotar los contenedores», para que Zabalgarbi siga comiendo, no para reciclar más. Abarrotar contenedores no es reducir. Quemar las basuras no es Reciclar. Convertir la basura en energía –tras quemarla con gas– no es reutilizar.

Ahora tenemos una buena oportunidad para darle la vuelta a la situación. El II PIGRUB (Plan Integral de Gestión de Residuos Urbanos de Bizkaia) caducó el pasado diciembre. Los datos ofrecidos por la Diputación dejan en evidencia que este plan y las herramientas para su desarrollo han fracasado. Nunca hemos estado ni siquiera un poco cerca de lograr los objetivos en materia de reciclaje que se pedían desde Europa.

Toca evaluarlo, revisarlo con datos reales, objetivos y no manipulados, de manera crítica, participada y transparente, dando voz a la ciudadanía y a aquellos agentes sociales, políticos y sindicales que desde hace más de 10 años vienen avisando de lo errónea que es la apuesta del PNV respecto a la gestión de las basuras.

Hay que buscar un consenso real y verdadero para la puesta en marcha de un nuevo Plan, que esta vez sí, responda a las necesidades de Bizkaia, ponga el respeto y el cuidado del medio ambiente en el centro del mismo y trate de verdad de lograr la consecución de los objetivos fijados por Europa en materia de reducción, reciclaje y reutilización de residuos.