twenergy.com / Roberto González redaccion@ambientum.com

Las placas solares se dividen en dos grandes tipos atendiendo a su finalidad y características. Por un lado nos encontramos con las placas solares fotovoltaicas, cuyo objetivo es la generación de electricidad. Por otro, las placas solares térmicas, que fundamentalmente utilizan la energía del sol para calentar agua. A diferencia de las primeras, éstas resultan más económicas

¿Todas las placas solares son iguales?

Las placas solares fotovoltaicas puede estar aisladas, cuya generación eléctrica se almacena en baterías; o conectadas a la red, es decir, que la electricidad que producimos se inyecta directamente en la red de distribución eléctrica.

Además de la finalidad, también podemos distinguir las placas solares por los materiales con que están fabricados. Generalmente, estos paneles está compuestos de silicio –aunque también se emplea arseniuro de galio, teluro de cadmio o diseleniuro de cobre en indio- mezclado con otros materiales, como el fósforo y el boro, que ayudan a generar cargas positivas o negativas con las que se generará electricidad.

Además, el silicio puede haber sido cristalizado o no, dando lugar a placas cristalinas o amorfas. Las primeras, si bien son más caras, tienen un rendimiento del 20%, el doble que las segundas. En general, cuando mayores son las dimensiones, peso y grosor de los cristales que componen las placas solares mayor es su efectividad.

¿Cuántos módulos de placas solares nos harían falta para alimentar los electrodomésticos de una vivienda pequeña? Pues entre 20 y 24 que son los necesarios para dar una superficie de 10-12 metros cuadrados que proporcionen una potencia pico de 1.000 vatios.

Por su parte, las placas solares térmicas, también denominadas colectores, recogen los rayos de sol, generando calor con el que elevan la temperatura del agua que pasa por ellos. Esta agua, o bien se almacena en un termo aislado térmicamente o bien se lleva directamente al punto de consumo. Por lo general, las placas solares utilizadas en este tipo de instalaciones son planas, aunque en ocasiones se utilizan colectores de tubo de vacío, sobre todo en zonas especialmente frías o para uso de calefacción y climatización.

¿Nos podemos llegar a quemar si el agua se calienta demasiado? No si la instalación se ha diseñado correctamente, puesto que aunque en algunas latitudes y según la estación del año el agua podría alcanzar los 80-85ºC, si contamos con un mezclador termostático que mezcle agua fría rebajaremos la temperatura hasta los 50-55ºC.

Este tipo de sistemas, que aportan aproximadamente el 70% de la energía que se requiere para calentar agua, sí que requieren de una fuente de energía auxiliar (también llamados de apoyo), pues si encadenamos varios días nublados podríamos quedarnos sin agua caliente. 

En este caso, los sistemas de biomasa son una opción sostenible muy interesante, aunque pasarse a las nuevas placas solares termodinámicas, también conocidas como “placas lunares” puede ser la mejor solución: cubren el 100% de las necesidades de agua caliente gracias a que no sólo aprovechan la energía del sol, sino también la del propio ambiente, que calienta el fluido refrigerante que circula en su interior.

Fuente: twenergy.com / Roberto González