OPINIÓN. Se trata de convertir estos desechos o productos obsoletos en bienes económicamente viables y benéficos, así como de nuevas fuentes de trabajo de mayor valor para los habitantes.

OPINIÓN ACADÉMICA EGADE BUSINESS SCHOOL
Carlos Scheel
Carlos Scheel M. Profesor Emérito EGADE Business School Tecnológico de Monterrey

Carlos Scheel M. Profesor Emérito EGADE Business School Tecnológico de Monterrey

Complicado concepto si pensamos implementarlo con la infraestructura, los sistemas de innovación, las regulaciones y las prácticas de negocios lineales que fueron la base del crecimiento económico del pasado siglo XX.

En el mes de junio en Europa ocurrieron dos eventos que llamaron fuertemente la atención relacionados a la política pública para la sostenibilidad del planeta.

En la cumbre de París, desde una perspectiva muy norteamericana, pareció que la salud del planeta tiene menos prioridad que los intereses financieros de unos pocos, o de la creencia de culpar al resto del mundo de reducir sus empleos, evadiendo que de cualquier forma están desapareciendo por otros factores, incluyendo el calentamiento global que está “encogiendo” el planeta, lo cual reduce y encarece a las materias primas y simultáneamente le está disminuyendo su capacidad de resilencia.

Por otro lado, al World Circular Economy Forum 2017 en Helsinki, asistieron empresarios, expertos, políticos y emprendedores que promovieron una idea un tanto descabellada para las prácticas administrativas convencionales. En Europa, innumerables políticas públicas conjuntas, estrategias de negocio y la conciencia ciudadana, están convergiendo a que “todo modelo de negocio que no sea circular no es sostenible” y por lo tanto tenderá a desaparecer.

Para lograr esto, se ha desarrollado la economía circular que cambia las relaciones que hay entre mercados, procesos, clientes, ciudadanos, ciudades y recursos naturales.

Es una innovación disruptiva, sistémica y democrática que mediante la culturalización, la tecnología y la administración holística de los recursos, procesos y de los productos, transforman el modelo lineal de: proveer (recursos naturales)-producir-mercadear-tirar-generar basura; a un modelo sustentable de recuperar (recursos naturales y artificiales)-transformar-compartir- y finalmente cerrar el ciclo de vida de los productos, recuperándolos para su re-uso y así evitar la generación de basura (0-emisiones).

Lo anterior equivale a incluir en la ecuación de manufactura y mercadeo el re-uso y la re-valorización de los residuos y las basuras, como parte de la optimización de los procesos internos de transformación eco-industrial.

Es una transición disruptiva, que requieren actualmente el ciudadano, la planta productiva y las ciudades, y es quizás el cambio cultural y tecnológico más relevante desde la primera revolución industrial, debido al riesgo en que se encuentra hoy el planeta.

Actualmente, sólo ocho productos (acero, aluminio, plásticos, cemento, vidrio, madera, sembradíos primarios y ganado) son los responsables del 20 por ciento de las emisiones de gas contaminante, usan el 95 por ciento del agua, el 88 por ciento de la tierra útil del planeta, e incrementan desproporcionadamente los volúmenes de basura producidos en el planeta.

Se trata de convertir estos desechos o productos obsoletos en bienes económicamente viables y benéficos, así como de nuevas fuentes de trabajo de mayor valor para los habitantes.

Por ejemplo, deshidratar el cemento de construcciones demolidas para reutilizarlo, como lo hace Ginebra; hacer que todas las botellas de plástico PET que se fabrican sean de material reciclado; recuperar los textiles ya no utilizados y reusarlos; o transformar los desechos de nopal, agave, naranja, tomate, nejayote, café, entre otros, en productos de alto valor para la comunidad.

Para lograr esto, hay que circularizar las cadenas lineales de producción e integrarlas a sinergias de ecología industrial, mediante efectivos modelos de economía circular y sistemas de valor inclusivos, y así transformar los productos obsoletos, basuras y residuos, en una riqueza económica útil para reducir la brecha social y recuperar el desgastado medio ambiente de las regiones más explotadas y pobres del planeta.

Esto requiere un rompimiento drástico de nuestro pensamiento lineal y excluyente y hacer un ejercicio colectivo de cambio cultural que genere una vida sustentable para todos los habitantes del planeta.

El autor es profesor Emérito del Departamento Administración, Emprendimiento y Mercadotecnia EGADE Business School. Su correo electrónico es cscheel@itesm.mx