(Fuente Avina) La denominada banca con valores crece en Europa y se instala en Latinoamérica. El Grupo Banca Ética Latinoamérica (que lideran la Fundación AvinaSistema B y Proyecto Propio) y la Plataforma de Innovación con Sentido impulsan la visita de Joan Melé a la región. El ex directivo del Triodos Bank, referente mundial de las inversiones éticas, está recorriendo Sudamérica (Colombia, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil) para explicar de qué se trata, invitarnos a tomar conciencia de la necesidad de contar con finanzas sostenibles y avanzar hacia la creación de movimientos ciudadanos que apoyen la estructuración de instituciones bancarias éticas.

En sus charlas públicas, Pedro Tarak, impulsor de las Empresas B, suele efectuar al auditorio dos preguntas: ¿Quiénes de ustedes son inversores? Como respuesta obtiene unas pocas manos levantadas. En cambio, cuando dispara la segunda pregunta: ¿quiénes de ustedes tiene al menos una cuenta bancaria?, casi la totalidad de las manos se alzan desde la platea. Es en ese momento cuando Tarak remata: pues entonces son todos inversores.

El sistema bancario comercial tradicional es casi una entelequia para la gente, por eso no asocia el hecho de depositar con el de invertir. Los bancos no brindan información sobre qué inversiones hacen con el dinero de sus ahorristas y exigen una excesiva cantidad de datos para otorgar un crédito, sobre todo cuando se trata de individuos o de micro, pequeñas o medianas empresas. Hacer un seguimiento a las inversiones para saber si el dinero propio está siendo colocado en actividades productivas o especulativas es imposible porque no es considerada una obligación del sistema. Acceder a un crédito en las condiciones adecuadas es un privilegio reservado para unos pocos en lugar de ser un derecho extendido.

Frente a este panorama, surge cada vez con más fuerza la banca ética -también denominada banca regenerativa, ética bancaria, banca centrada en valores o banca sostenible- con un lema bien contundente: inversiones en economía real al servicio de la dignidad humana y la regeneración del planeta.

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Tal como lo explica la Global Alliance for Banking on Values (GABV), el principio 1 sostiene que el enfoque de línea de triple rentabilidad debe estar en el centro del modelo empresarial. Las instituciones bancarias sostenibles integran este enfoque al centrarse de manera simultánea en las personas, el planeta y la prosperidad, “las 3 P”. Tanto los productos, como los servicios están diseñados y desarrollados para cubrir las necesidades de las personas y al mismo tiempo garantizar que para obtener rentabilidad no sólo se evite hacer daño, sino que se haga uso de las finanzas para hacer el bien.

El principio 2 pone foco en las comunidades atendiendo a la economía real y permitiendo que los nuevos modelos empresariales puedan atender a las comunidades en las que operan y financiar empresas sostenibles en economías productivas.

El principio 3 establece que las instituciones bancarias sostenibles establecen relaciones sólidas y de largo plazo con sus clientes y se encuentran directamente involucradas en la comprensión y análisis de sus actividades económicas al ofrecerles asistencia para que lleguen a ser más sostenibles por sí mismas. El análisis apropiado del riesgo se emplea en el desarrollo de productos para que las herramientas de gestión del riesgo indirecto no sean adoptadas como un substituto para el análisis fundamental ni comercializadas por su propia esencia.

El principio 4 fija una perspectiva a largo plazo para asegurar que las entidades bancarias puedan mantener sus operaciones y fortaleza ante las alteraciones externas. Al mismo tiempo, reconocen que ningún banco, ni sus clientes, son completamente inmunes a tales alteraciones, lo que requiere un permanente análisis de contexto.

El principio 5 dispone que las instituciones bancarias mantendrán un alto grado de transparencia e inclusión en cuanto a su gobernanza e informes. En este contexto, inclusión no hace referencia sólo a una relación activa con los accionistas o gerentes, sino también con una amplia comunidad de inversores de la entidad bancaria.

El principio 6 define que todos los principios se encuentran integrados a la cultura de la entidad bancaria, de modo tal que se haga uso de los mismos en todo momento en cualquier toma de decisión. Al reconocer que el proceso de integrar estos valores requiere un esfuerzo deliberado, estas instituciones bancarias desarrollan políticas de recursos humanos que reflejan este enfoque fundamentado en los valores (entre los que se incluye el incentivo y la evaluación de sistemas por parte del personal), al igual que desarrollan prácticas dirigidas a los accionistas para promover los modelos empresariales sostenibles. Estas instituciones bancarias también tienen un específico marco de presentación de informes para demostrar su impacto financiero y no financiero.

Pablo Vagliente, director de Fundación Avina, señala al menos cuatro impactos que esperan lograr impulsando finanzas sostenibles en Latinoamérica: “Ante todo, promover que el mercado financiero entienda al crédito como un derecho, democratizar el crédito para los sectores del trabajo bajando el costo y reconsiderando las garantías que se exigen. Lo segundo pasa por incentivar que movimientos ciudadanos de inversores, ahorristas y tomadores de crédito adopten los principios de la banca ética y los difundan. Para eso es necesario hacer mucha pedagogía social, desarrollar una narrativa pública que permita mostrar a la opinión pública y a los tomadores de decisión estas alternativas sólidas, probadas.

El tercer impacto se centra en buscar la institucionalización de los principios en la banca existente, en nuevos bancos y en fondos financieros de inversiones. En esa línea, Avina está impulsando hoy la creación de un banco ético en Chile, pero también promueve que bancos comerciales existentes adopten gradualmente mejores prácticas. Necesitamos que el sector se mueva en esa dirección, no un caso aislado. Y que ayude a que sus clientes con impacto negativo, sobre todo en lo ambiental, puedan recibir financiación para migrar a prácticas realmente sostenibles. Y, finalmente, garantizar la transparencia activa, la trazabilidad de las inversiones, la generación de información para que los clientes sepan qué hacen las entidades con su dinero y las valoren por ese impacto positivo”.

Las entidades financieras que abracen los principios éticos tienen, por un lado, un desafío hacia la propia banca y por el otro, una oportunidad en relación al mundo empresarial. En cuanto a la banca comercial, los promotores de las finanzas con valores deberían ayudar a convencer a las entidades del sector a adoptar prácticas ajustadas a los principios enunciados arriba y convertir las prácticas y criterios en reglas y regulaciones de mercado para institucionalizarlos. En cuanto al mundo empresarial, la incidencia que puede tener la banca ética en el cambio de paradigmas es bien concreta, y en la medida en que se alcance escala se cambiará la manera de hacer negocios, orientando las inversiones a financiar actividades de la economía real que generen bienes y servicios útiles ajenas a la especulación comercial o financiera. Porque, así como acceder al crédito debe ser un derecho, el destino de ese crédito exige responsabilidades del empresariado para convertirlo en generador de riqueza y no en financiamiento especulativo o espurio.

En ese sentido, Ana Mercedes Botero, Directora de Innovación Social de CAF – Banco de Desarrollo de América Latina explica que: “para CAF, como banco de desarrollo, es fundamental apoyar las nuevas tendencias que desde el sector bancario puedan contribuir al desarrollo sostenible e inclusivo de América Latina. La banca ética tiene el potencial de ofrecer un valor añadido considerable al desarrollo de la región. Su concepción novedosa de las responsabilidades del financiador y su foco en la economía productiva permite que la financiación se dirija prioritariamente hacia actividades con externalidades positivas importantes, y se aleje de aquellas que tienen externalidades negativas altas. Nuestra región necesita no sólo crecimiento económico, sino un crecimiento económico más equitativo y humano que repercuta en mejores condiciones de vida para las grandes mayorías.”

Las finanzas éticas están encarnadas en banqueros que financien generación de riqueza ligada a la dignidad humana y para ello tienen que comprender que el desarrollo económico sostenible e inclusivo se basa en negocios que requieren de dinero y no en dinero convertido en negocio.

Según un informe de la GABV (www.gabv.org), el mercado en las finanzas sostenibles está “creciendo porque ofrece alternativas bancarias económicamente viables enfocadas en las necesidades de la sociedad para la que operan y crea un ecosistema financiero más diverso”. Ello queda demostrado porque “la legislación en mercados en desarrollo como Perú, Malasia, Nigeria y otros países fomenta la banca sostenible. Esta concienciación va en aumento también en mercados desarrollados (…). Finalmente, en la actualidad se están demostrando los retornos generales de la inversión positivos de empresas centradas en la sostenibilidad”. Esto comienza a ser atractivo y “(…) los inversores comienzan a buscar un retorno más estable de sus inversiones en instituciones bancarias en las que también pueden comprobar que su capital se está utilizando para apoyar actividades de economía real”.

Una banca basada en valores busca permear todo el campo de las inversiones, no sólo de las inversiones de impacto. Un número extra de la revista Alternativas Económicas, titulado ‘Economía solidaria: 10 historias de éxito’analiza ejemplos de empresas e iniciativas que buscan generar negocios con impacto social. Uno de ellos es el caso de Fiare Banca Etica. Este banco, presente en Italia, con 18 años de vida, y en los últimos años ya en España, “cuenta en total con 40.000 socios (nadie puede superar el 1%), 80.000 clientes y un capital social de 60 millones de Euros. En 2016 cerró su balance con 4,3 millones de beneficios, que se destinarán, como siempre, a reforzar capital y a financiar proyectos de economía social puesto que nunca se reparten dividendos”.

El banco funciona con criterios muy profesionales -no se dan créditos sólo para ayudar, sino que primero debe asegurarse que el dinero no se perderá- y al ser ajeno a las prácticas agresivas típicas de los especuladores es realmente una inversión segura. La morosidad neta es sólo del 1%, muy lejos de las figuras de dos dígitos que se han convertido en habituales en la banca tradicional desde que explotó la burbuja inmobiliaria que provoco la crisis financiera de 2008.

Joan Melé en Latinoamérica

 Esta segunda gira de Joan Melé, referente mundial de la banca ética, abarcará seis países sudamericanos. Se inició a comienzos de agosto en Colombia y tras pasar por Chile y Argentina, terminará a principios de octubre en Brasil. Se estiman más de 25 eventos en los que participará Melé en estas semanas. El itinerario arrancó en Medellín donde dio una charla-taller a microempresarios, auspiciado por la Corporación Interactuar y organizados por Ecosol. También en la Reserva Natural Zafra, Melé interactuó con ambientalistas de Antioquia abordando el sentido de proteger, con valores y prácticas de sustentabilidad financiera, los bienes naturales. Además de distintos talleres de economía consciente en centros humanísticos, Melé abordó la charla de “Banca ética y cooperativismo” en la fundación Confiar. Posteriormente hubo dos encuentros en sedes universitarias, el 16 de agosto en Universidad de Medellín y el día 18 en la Universidad Externado de Colombia, en Bogotá, buscando fortalecer el incipiente movimiento ciudadano por una banca con valores en Colombia.

Al momento de publicarse este InContext, Joan Melé, acompañado por Fundación Avina, Proyecto Propio y Sistema B comenzaban a desarrollar las actividades en Santiago de Chile en donde, además de reunirse con periodistas y funcionarios, supervisará los avances de la plataforma Doble Impacto, encaminada a convertirse en el primer banco ético de este país. Como primer paso, acaba de ser presentada la Fundación Dinero y Conciencia, desde donde se convocará a los primeros aportantes de la primera etapa de levantamiento de capital.

Alan Farcas, Director del área Negocios de Impacto de Fundación Avina, amplía la idea de invertir en proyectos de economía real con impacto social y ambiental positivo, señalando que “muchas personas y empresas están fuera del sistema financiero, y aunque pueden ser buenos pagadores, nadie se ha dado el trabajo de conocerlos y apoyarlos”. Y ejemplifica a quiénes puede llegar la banca ética: “Personas, empresas y fundaciones con iniciativas sustentables que actualmente no tienen acceso a crédito o la tienen en condiciones que hacen inviables sus iniciativas; a proyectos que tienen aval público y que reciben altas tasas del sistema financiero cuando el riesgo asociado es muy bajo (aval del Estado); a proyectos sociales que tienen alto nivel de certidumbre sobre sus ingresos pero no son sujetos de crédito; a iniciativas de tecnologías disruptivas que cuentan con ingresos proyectados; a emprendedores de la base de la pirámide como recicladores y migrantes; a cooperativas como OCSAS –administradoras de agua potable y saneamiento en pequeñas comunidades- que están fuera del sistema financiero.

En definitiva, el crédito cómo derecho, la inversión en economía real según criterios positivos de impacto social y ambiental y la trazabilidad de las inversiones son los principales ejes de una manera de invertir que garantiza que millones de dólares generen dignidad humana. Cada vez más actores del sistema dejan de verlo como un nicho y lo empiezan a considerar como tendencia duradera, a la que hay que adaptarse. El cumplimiento de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible -la Agenda 2030- exige también esta decisiva innovación en la era del capitalismo cognitivo.