La economía circular es uno de los pocos modelos de crecimiento viables y escalables

ecointeligencia.com / Ricardo Estévez redaccion@ambientum.com

Tiene el potencial de transformar la dinámica de la competitividad y conceder una ventaja competitiva real

En esencia, la economía circular consiste en crear nuevas cadenas de valor en las que el crecimiento no dependa del uso de recursos que no se pueden recuperar para usarlos de forma cíclica.

Como hemos visto, este objetivo se puede alcanzar de varias formas. Por ejemplo, fomentando a nivel empresarial el uso de recursos duraderos para romper el vínculo entre escasez y actividad económica, empleando únicamente recursos que se puedan reutilizar, reprocesar o renovar de manera continua para que sigan siendo productivos (como energías renovables, materiales biológicos o productos reciclados/reciclables).

Otra opción puede ser crear más liquidez en los mercados mediante productos y activos que sean más accesibles y fáciles de compartir entre los usuarios, eliminando tiempos de inactividad y aumentando el número de personas que se benefician de un cierto volumen de productos.

También podría crear cadenas de valor interconectadas en las que se recuperen los residuos para volver a utilizarlos en un nuevo proceso de producción, o simplemente prolongar el ciclo de vida útil de los productos existentes.

Lo que favorece la adopción generalizada de la economía circular en este momento es la existencia de nuevas tecnologías que permiten el cambio a gran escala, algo que hubiera sido imposible hace solo una década.

Hablamos, además, de un cambio rápido y a escala, propiciado por esa irrupción de las tecnologías digitales como un fenómeno económico al alza en todo el mundo. Muchas empresas han realizado grandes progresos en la adopción de tecnologías digitales, lo que les ha permitido mejorar diversos aspectos de sus actividades.

En realidad, este cambio apenas alcanza lo más superficial de lo que es posible, si tenemos en cuenta que las empresas también pueden utilizar, por ejemplo, las redes sociales, canales móviles y las comunicaciones máquina-máquina (M2M) para interactuar con el mercado y los productos con el fin de analizar y optimizar las cadenas de valor y aportar más valor a los clientes.

Fuente: ecointeligencia.com / Ricardo Estévez

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