Electro reciclaje

Fuente: Revista Nueva – Anibal Vattuone


Electro reciclaje
Las cifras de residuos electrónicos son alarmantes. Los países abordan el tema desde distintas aristas: desde lo ecológico y laboral hasta el compromiso y la inclusión social.
No es una sensación: su celular tiene una vida útil muy inferior a la de los dispositivos que solía disfrutar años atrás. Supervanguardistas y dueños de ultimísima tecnología, también evidencian la otra cara del progreso: la vertiginosidad con la que pierden vigencia. Esa fecha de vencimiento definida de antemano (para que, después de cierto lapso, salgamos corriendo a adquirir un flamante modelo) tiene nombre: obsolescencia programada objetiva. Pero ¿qué pasa con todo ese material que, por diversos motivos, caduca? ¿A dónde va a parar?
Los números demuestran que el reciclaje electrónico cobra cada vez más importancia: para este año se espera que los basurales alberguen 50.000 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). Europa, por ejemplo, es el continente que más cantidad de RAEE registra, con 15,6 kilos –se contabiliza por año y por cada habitante–. Muy cerca le sigue Oceanía, con 15,2 kilos. ¿Cuál es la situación en Latinoamérica? Menos de la mitad respecto al Viejo Continente: 6,6 kilos. Dentro de la región, Brasil es el país que más desechos genera. ¿Y la Argentina? Aquí se descartan 8 kilos de residuos. Multipliquémoslo per cápita: serían 320 millones de kilos anuales (tomando un promedio de 40 millones de compatriotas). ¿Cuánto se recicla? Menos del 20%.
“En nuestro país operan más de diez empresas y cooperativas dedicadas específicamente a la gestión de los RAEE. La mayor parte se enfoca en rezagos de informática y telecomunicaciones, pero es importante el surgimiento de entidades que se abocan a grandes electrodomésticos –como heladeras y lavarropas–, la gestión de pilas y baterías. Todo aquello que no se recicla queda en depósitos, roperos, altillos, sanitarios y basurales. Esto es un problema, ya que los RAEE tienen mercurio, cadmio, plomo, bromo y otros metales altamente tóxicos y riesgosos para la salud”, advierte el biólogo Gustavo Protomastro, magíster en Ingeniería y Gestión Ambiental de la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC).
Por estos pagos, y desde el año 2001, la Fundación Social Compañía Equidad recibe y procesa componentes informáticos, como gabinetes completos, monitores, teclados, mouses, notebooks, netbooks, tablets, memorias RAM, discos rígidos, procesadores, lectoras de CD y DVD, y cables de red. Lo más valioso quizá sea que, además, trabajan con personas de sectores sociales vulnerables, promoviendo su integración social, educativa y laboral, a partir del uso de nuevas tecnologías y de la formación digital. “Organizamos talleres de reciclaje y dividimos las labores en etapas. La primera de ellas es la de selección, en la que separamos aquellos componentes que sirven y que pueden reutilizarse. El resto se lo entregamos a cooperativas de recicladores urbanos”, explica Pamela Landini, integrante de su personal.
Otra de las empresas que se dedica a este proceso es Silkers, que no solo recoge lo que proviene del sector informático, sino también elementos que se desprenden de teléfonos, celulares y electrodomésticos (microondas, cafeteras, licuadoras, cocinas). “El proceso de reciclaje se inicia con operaciones de ‘descontaminación’: se extraen de los equipos los componentes potencialmente peligrosos para el ambiente, como las baterías recargables de los smartphones, las placas electrónicas que contienen gran cantidad de metales pesados, y los gases refrigerantes de heladeras y aires acondicionados. En una segunda etapa, se clasifican los componentes extraídos de los equipos de acuerdo con su contenido de metales y plásticos”, describe su directora, la licenciada Verónica Calona.
El reciclaje, por dentro
Asistir a la Fundación Social Compañía Equidad es espiar los entretelones de una técnica que cada vez suma más adeptos en el mundo entero. ¿Qué es lo que específicamente hacen allí? Entre otras iniciativas, figura el Taller de Reciclaje, donde se transforman computadoras en desuso en equipos listos para ser donados a escuelas y organizaciones de la Argentina. “De este modo, cumplimos el doble objetivo de reducir la brecha digital y mitigar el impacto ambiental de los residuos electrónicos”, sostiene Pamela Landini. Y detalla: “En control de calidad, verificamos que todo el trabajo anterior no contenga errores. En caso de que la carcasas de los CPU no se encuentren en las mejores condiciones, las pintamos para que sean lo más parecidas posible a una nueva. Después, colocamos en una caja cada computadora con su mouse, teclado y cables de energía, para que sea retirada por los beneficiarios. Las empresas que deseen donar equipamiento deben completar un formulario online en la página web equidad.org. También lo pueden hacer particulares, acercándose a nuestra sede”.
Tierra, divino tesoro
El reciclaje de los componentes electrónicos trae aparejada otra manera de preservar el medio ambiente. Desde Greenpeace Argentina, Hernán Nadal, director de Comunicaciones y Engagement, ahonda sobre las consecuencias positivas: “El sector de IT tiene la gran oportunidad de asumir la responsabilidad de ayudar al mundo a pasar a un modelo de economía energética limpia. Nuestra campaña ‘Cool IT Challenge’ invita a las empresas de IT a innovar, mitigar su propia huella de carbono y abogar por cambios significativos en el clima. Tenemos que convencernos de que es posible hacer productos sin sustancias químicas peligrosas, duraderos, que puedan ser mejorados, reciclados o eliminados de forma segura y que no acaben como residuos peligrosos”.
Uno de los estudios de Greenpeace concluye que los desechos electrónicos de los smartphones se estiman en tres millones de toneladas métricas. Y que solo dos de trece modelos revisados tenían baterías fácilmente reemplazables, lo que significa que los consumidores se ven obligados a sustituir sus dispositivos cuando la vida de la batería comienza a disminuir.
Hace más de doce años, y preocupados porque menos de un 16% de la basura electrónica global se reciclaba, en Europa se promulgaron distintas legislaciones al respecto. En Estados Unidos y Canadá hicieron lo propio… ¿Y por casa cómo andamos? “Proyectos hay varios, pero falta la Ley Nacional de los RAEE, que contemple la responsabilidad extendida del productor (REP). O sea, que inste a tener esquemas de recolección, desmontaje y reciclaje de, al menos, el 50 o 60% de los RAEE generados anualmente”, advierte Protomastro.
“Hay que entender que si arrojamos a un tacho metales como el platino, no solo contaminamos el entorno, sino que atentamos contra la salud de todos”. 
– Gustavo Protomastro
Función social
Amén de promocionar la acción de diferentes empresas y de cuidar nuestros recursos más sagrados, el reciclaje puede tender una mano desde lo social. En la Fundación Social Compañía Equidad emplean una técnica que tiene una doble acción. Landini lo cuenta: “Nuestra propuesta es reciclar los equipos informáticos que las empresas y los particulares ya no utilizan, ya sea por obsolescencia o por mal funcionamiento, con el fin de donarlos a entidades sociales y educativas de todo el país. En cuanto al acceso a la capacitación y al uso de los dispositivos tecnológicos, brindamos cursos de informática con el objetivo de ofrecer herramientas de inserción laboral a jóvenes y adultos”.
Desde Silkers hablan de “economía circular”. Esto es, procesos que de-sembocan en otros procedimientos productivos. “Hay componentes, como las baterías, que no se reciclan en el país, sino que debemos exportarlas. Pero la tarea no termina allí, ya que, a través de una fase que bautizamos ‘De batería a batería’, los materiales recuperados se utilizan para la producción de nuevas baterías”, aporta Calona.
Aunque hay noticias auspiciosas, como el refurbish (se restaura un producto para devolverlo al mercado), y protagonistas entusiastas, todavía queda camino por recorrer. “Faltan normas para que el productor de aparatos electrónicos coparticipe del costo de gestión de los RAEE. Ese es el mejor esquema para llevar a cabo una recolección diferenciada, en consonancia con un esfuerzo público-privado”, sugiere Protomastro. Y cierra: “Podemos tener una gran ley en torno a los RAEE, con plantas gestoras y REP incluida, pero el reto está en que el usuario tome conciencia de que si su equipo ya no responde, debe entregarlo a una planta de reciclaje o a un punto verde de su ciudad. Luego, la gestión se solventará económicamente entre lo que abonen los productores –importadores y fabricantes– y el beneficio de la venta de metales, plásticos y polímeros reciclados. Pero hay que comprometerse y entender que si arrojamos a un tacho metales como el oro, la plata y el platino, no solo contaminamos el entorno, sino que atentamos contra la salud de todos”.

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