La basura, un error de diseño y una oportunidad de invertir para hacer el bien

© Sputnik / Juan Mazzoni Gonzalo Muñoz es el ideador de TriCiclos, la primera empresa B de América Latina, dedicada al reciclaje y a la consultoría para favorecer la economía circular. Sputnik dialogó en exclusiva con el ejecutivo, que explicó cómo un negocio puede ser rentable sin perder de vista las vertientes sociales y ambientales.

El empresario compartió su experiencia en Uruguay ante cientos de empresarios y líderes con motivo del America Business Forum, uno de los encuentros de negocios más importantes de la región. La basura, un elemento incómodo para la mayoría de la sociedad, “es un error de diseño”, sostiene.

Por eso, en los últimos 10 años se ha dedicado a establecer redes de reciclaje de materiales que dignifican la condición de los recicladores de base y a asesorar firmas para que diseñen mejor sus productos, con el fin de reducir la cantidad de basura. Su modelo fue reconocido por el Foro Económico Mundial de Davos, una de las instancias de decisión empresarial más importantes del mundo.Su historia no distaba mucho de la de tantos ejecutivos. Luego de una carrera en grandes empresas —fue gerente puerto granelero de Mar del Plata y ejecutivo de una empresa de empacados—, muchas veces al expresar su preocupación por temas sociales y ambientales, encontró entre los directivos de las firmas respuestas negativas, pues preferían pagar multas o adecuarse al mínimo exigido por norma.

Su destino dio un giro cuando su hija de tres años enfermó de cáncer. Esto, dijo en la conferencia, le hizo darse cuenta de la fragilidad de la vida. Muñoz tuvo una educación en prestigiosas universidades de Chile y del extranjero, pero consciente de su privilegio, salió de la “zona de confort” y se convenció que de esta incomodidad se podía hacer “algo distinto”.

​Es así que Muñoz junto a tres amigos, preocupados por “los problemas que se han ido generando y creciendo a nivel planetario, a nivel social, ambiental y financiero” tuvieron la necesidad de “dar un enfoque distinto para el rol de la empresa”, afirmó a Sputnik.

“El nombre TriCiclos es por los tres ciclos de la sustentabilidad: valorar el ciclo social y ambiental, de la misma manera que medimos el resultado financiero. Trabajamos en el sector empresarial considerando el impacto que esto tiene en las finanzas y en los accionistas, de una forma cada vez más profesional y exigente”, aseveró.

Ese es el espíritu detrás de las llamadas ‘Empresas B’, de las que TriCiclos es parte. Ahora, operan una red de puntos limpios en comercios, universidades y municipios, donde logran que los consumidores hagan la clasificación de los residuos y se conecten con los recicladores de base, muchas veces en una precaria situación económica.

Cuando empezó la empresa, el espíritu “parecía una utopía”. Y si bien hoy no son la mayoría de las compañías, grandes marcas como Patagonia (vestimenta); Natura y The Body Shop (cuidados personales) y Ben and Jerry’s (helados), se han adecuado a estos parámetros.”Hay empresas de alcance global que han logrado crecer y desarrollarse en mercados competitivos, valorando su impacto social y ambiental, pero la visión es que esos eran casos más bien aislados”, dijo Muñoz.

En el tiempo que se ha desarrollado TriCiclos, los problemas sociales y ambientales han ido en franco crecimiento, como “el aumento de la población o el agotamiento de ciertos recursos naturales”. Sin embargo, a la vez, la tecnología de la información “ha permitido que la sociedad en su conjunto esté más informada y cada vez más exigente”.

Para el ejecutivo, “no basta con que una empresa entregue un buen producto o servicio, ni que comuniques lo que tú dices hacer muy bien o lo bueno que eres para el mundo, sino que lo muestres de modo transparente y puedas comunicar también tus intenciones”.

Las empresas B han resuelto esa problemática “de forma competitiva y se alinean al sector financiero”. Son un ejemplo de que en una inversión no se debe “hacer el mal”, sino todo lo contrario.

“Ese cambio se ha ido viendo cada vez más. Nos sentimos un ejemplo más en un océano de iniciativas y empresas que están creciendo de la mano de hacer las cosas cada vez mejor”, resaltó.

La idea de fundar TriCiclos surgió ante la problemática del crecimiento de residuos, pues “a más ingresos per cápita, cada vez hay más basura”, debido a “los modelos de consumo, el sistema de mercado, lo que se entiende por progreso y los sistemas que hemos ido copiando en el mundo”.Este panorama “insostenible” se hace cada vez más evidente en economías latinoamericanas que han tenido un proceso de crecimiento económico en las últimas décadas, como Chile, Brasil o Uruguay. Por eso, “es necesario generar infraestructura para que los ciudadanos tengan la oportunidad de descartar responsablemente los residuos reciclables”.

En esa dinámica, también TriCiclos intenta formalizar el trabajo de los recicladores de base —cartoneros o carritos, como se los conoce en algunos lugares de la región—, que dependen de esta actividad para obtener ingresos económicos y poder enfrentar los gastos de subsistencia.

 Gonzalo Muñoz, ideador de TriCiclos
© SPUTNIK / JUAN MAZZONI
Gonzalo Muñoz, ideador de TriCiclos

No sólo está el punto de ciudadanos que sepan reciclar: también necesitan saber qué productos elegir, fijarse en los empaques y ser conscientes de su huella ambiental antes de crear el desecho.

“Nuestra razón de ser es que la basura es un error de diseño: hay que mejorar el diseño de los productos, los materiales que estamos usando, los modelos de negocios y qué es lo que los ciudadanos consumimos. Hay que mejorar los sistemas de manejo de residuos, hay que perfeccionar para que los materiales dejen de ser lineales y sean circulares”, describió.

Para eso surgieron los ‘puntos limpios’, estaciones modulares en condominios, plazas y grandes superficies donde se da una “interacción virtuosa” para la ciudadanía, las marcas y todo el público.

“A partir de ahí tenemos una gran base de datos e información, que nos permite ayudar a que las marcas perfeccionen sus productos. Hacemos muchas asesorías para que las empresas pasen de un producto mal diseñado, lineal, condenado a llegar al océano, a un vertedero o a un relleno sanitario, para que vuelva a ser materia prima en otro proceso”, describió.Esta empresa B de economía circular aplicada emplea hoy unas 250 personas en Chile, con perspectivas de ampliarse en la región. Las estructuras de decisión son horizontales, los trabajadores tienen participación en las ganancias y se prioriza por sobre todo la relación como la comunidad.

Pero los modelos no son extrapolables automáticamente. Cada país tiene una realidad distinta e incluso varía de una ciudad a otra. Una de las metas de la empresa es identificar esas particularidades, “cuidadosos de respetar la realidad y el contexto social de cada lugar”.

Esto rompe con el viejo dicho de que en ‘el negocio de la basura, lo que mejor huele es la basura’, pues como se ha podido ver en varias ciudades de América Latina y el mundo, las lógicas de manejo de residuos han estado teñidas de corrupción y condiciones que empeoran las crisis.

“Por ejemplo, en llenar un vertedero o un relleno sanitario; o en tarifas con las cuales es más barato el manejo de cada tonelada cuanta más basura se maneja; los contratos son leoninos y a largo plazo e impiden que los municipios y los gobiernos innoven en la manera de manejar los residuos”, apuntó.Si se logra romper con esta situación, “hay una oportunidad tremendamente razonable en generación y transformación de empleos y nuevas industrias, así como un valor económico adicional vinculado a la mejor preservación del entorno natural y al menor costo de extracción de materias primas”.

“La economía circular representa una oportunidad de varios cientos de billones de dólares a nivel global. En cada país y contexto uno puede analizar la oportunidad específica en la reducción de costos en el manejo actual de residuos y en la innovación y generación de nuevos puestos de trabajo y reducción de costos ambientales”, concluyó.

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