Cómo afecta el cambio climático a la Argentina

Un informe del panel intergubernamental de Naciones Unidas arroja serias advertencias sobre las modificaciones que está sufriendo el clima en nuestro país

INUNDACIONES: El informe advirtió sobre el aumento de las precipitaciones en la provincia de Buenos Aires, el área metropolitana, el centro y sudoeste de la Argentina en los últimos 30 años. La extensión de las inundaciones está asociada, entre otras causas, a los cambios en el uso de la tierra.

SEQUÍAS: La evidencia científica también predice períodos de sequía más largos en el oeste y sur del país, lo que afectará a los cultivos.

DISPONIBILIDAD DE AGUA DULCE: Los glaciares y los campos de hielo de los Andes experimentaron retrocesos significativos. Esto afecta el abastecimiento de los ríos y la disponibilidad de agua dulce en zonas áridas que dependen de estos cursos de agua.

DEFORESTACIÓN: El 4,3 por ciento de la deforestación global ocurre en la Argentina. En el bosque chaqueño, la deforestación se aceleró a partir de la expansión agrícola y se convirtió en la principal fuente de emisiones de carbono del norte argentino.

CULTIVOS: El rendimiento de los cultivos podría reducirse por la escasez agua en varias zonas del país. Se espera que se incrementen enfermedades como las del ciclo tardío en la soja, brotes severos del vitus Mal de Río Cuarto en el maíz y fusiariosis en el trigo pampeano..

Yo reutilizo y vos?? Cuánto le ahorrás al Planeta al reusar/reciclar?

La Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (AERESS) presentó en el Ministerio de Medio Ambiente su “Calculadora de emisiones evitadas con la reutilización”.Imagen 

El pasado lunes, en el marco de la Semana Europea de Prevención de Residuos, tuvo lugar la jornada de presentación de la “Calculadora de emisiones evitadas con la reutilización”, bajo el título de “La reutilización como herramienta para la prevención de residuos y la lucha contra el cambio climático”.

El evento, que se desarrolló en el salón de actos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, fue inaugurado por Guiyermina Yanguas, directora general de Calidad y Evaluación Ambiental, quien subrayó los beneficios ambientales, sociales y económicos de la prevención de residuos,así como su “gran potencial para la creación de empleo” en España. Y fueron precisamente las políticas de prevención de residuos y de lucha frente al cambio climático las que abrieron la Jornada, presentadas por la Subdirección General de Residuos y la Oficina Española de Cambio Climático.

Ambas políticas establecen el marco en coherencia con el cual AERESS ha desarrollado y presentado la campaña “Contra el cambio climático, yo reutilizo, ¿y tú? ¡Calcula las emisiones que puedes evitar!”, elaborada con la colaboración de la Fundación Biodiversidad y Ambilamp.

Dicha campaña busca sensibilizar sobre la relación directa entre la prevención y reutilización de residuos y la reducción de los gases de efecto invernadero (GEI), para lo que AERESS ha elaborado una calculadora on line de CO2 evitado, que permita a los ciudadanos comprobar las emisiones de dióxido de carbono que pueden ahorrarse a través de la reutilización de diferentes productos como ropa, muebles, aparatos eléctricos y electrónicos, productos de bazar, etc.

A lo largo de la jornada los asistentes tuvieron la ocasión de comprobar el funcionamiento de la calculadora, así como conocer todo el proceso técnico que hubo detrás de su desarrollo, explicado por Agresta, consultora encargada de su elaboración.

La semana pasada, le tocó a Varsovia celebrar otra decepcionante reunión sobre el cambio climático. En las últimas dos décadas, muchas otras ciudades han tenido ese placer. Esta vez, 195 países acordaron dolorosamente hacer una “contribución” a la lucha contra el cambio climático, en lugar de un “compromiso” más robusto. El objetivo sigue siendo alcanzar un acuerdo sólido en París en 2015. Las posibilidades de éxito son insignificantes. La experiencia así lo demuestra.

Lo que hace de esto un episodio deprimente es que el mundo podría eliminar los riesgos de resultados catastróficos a un costo limitado, siempre y cuando actuase con rapidez, eficazmente, y en conjunto. En su nuevo libro, El Casino Climático, William Nordhaus de la universidad de Yale, y decano de los economistas climáticos, sostiene que el costo de limitar el aumento de la temperatura global a 2ºC sería del 1,5% de la producción mundial, siempre y cuando se tomasen las medidas adecuadas. Esto equivale sólo al crecimiento económico mundial de medio año. Pero la reducción sería mucho más costosa si los países responsables por la mitad de las emisiones no participaran: mantener los aumentos de temperatura en 2ºC sería incluso imposible.

El profesor Nordhaus, una voz moderada en este debate, explica por qué el mundo debe aceptar los costos de esta iniciativa. El efecto invernadero es ciencia básica. Las emisiones han aumentado rápidamente. Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono son ahora más de 400 partes por millón -50% más altas que antes de la revolución industrial y muy por encima de los niveles del último millón de años. Las temperaturas globales han aumentado en los últimos 150 años. La reciente nivelación de la temperatura no es excepcional. Los científicos del clima han sido incapaces de encontrar una explicación para el aumento de la temperatura, que no se deba a las actividades realizadas por el ser humano.

Los argumentos de los escépticos se basan en que si hay incertidumbre no hay que hacer nada. En una calle con neblina, el número y la velocidad de otros vehículos son factores particularmente inciertos. Pero esta misma ignorancia hace que el manejar cautelosamente sea esencial. Lo mismo se aplica al clima. Dadas las incertidumbres sobre el sistema climático, lo más prudente es sin duda conducir con cuidado.

Un aspecto particularmente importante de esa incertidumbre son los puntos de inflexión. Sabemos que el clima de la tierra ha cambiado drásticamente en el pasado. Es posible que algún proceso todavía no entendido a cabalidad pueda llevar al mundo a otra y quizás irreversible situación: el colapso de las grandes capas de hielo es una de esas posibilidades; otra es la de los grandes cambios en la circulación oceánica, y la tercera es la retroalimentación positiva en los procesos de calentamiento. Por otra parte, mientras que la humanidad puede aspirar a manejar efectivamente los efectos económicos de este tipo de eventos, lo mismo no puede decirse de su impacto en los océanos ni en las extinciones en masa.

Es irracional jugar en el casino climático sin tratar de eliminar los peores resultados posibles.

Las emisiones son, pues, un producto negativo de la actividad económica mundial. No sabemos el costo de dichas externalidades, pero podemos estar seguros de que es más que cero. Las externalidades no se arreglan a sí mismas. Ante la falta de derechos efectivos de la propiedad individual, requieren la acción del gobierno; en este caso la acción de cerca de 200 gobiernos. La solución más simple sería que todos los países estuviesen de acuerdo en un precio. Cada país impondría entonces un impuesto: el profesor Nordhaus sugiere que éste debería ser de $25 por tonelada de carbono. Los ingresos se quedarían entonces en casa. Las negociaciones serían sólo sobre ese precio. Mientras tanto, los países de ingresos altos se centrarían en invertir en investigaciones y desarrollo de nuevas tecnologías pertinentes y de asegurarse de que las mejores tecnologías estuviesen disponibles a bajo precio para los países emergentes y en desarrollo. ¿Por qué deberían hacerlo? La respuesta es: porque una atmósfera con bajos niveles de carbono es un bien público global.

Es por ahora imposible ser optimista de que algo como esto vaya a suceder. Esto es en parte porque el acuerdo necesario debe ser a largo plazo y global. Eso, a su vez, plantea difíciles cuestiones de equidad intrageneracional e intergeneracional. Pero la probabilidad del fracaso también se debe a los esfuerzos de los escépticos a enturbiar las aguas intelectuales y la resistencia justificada de los grupos de interés que se ven afectados. Algunas industrias se quejarán, pero hay que mantenerlas en su contexto. La pérdida de empleos en la políticamente poderosa industria del carbón en EE.UU. podría ser de 40.000 a lo largo de una década. En comparación con lo que sucedió en el mercado laboral de EE.UU. desde 2008, es poca cosa.

Más allá de eso, el público en general se preocupa (justificadamente) de que estaría mucho peor si no pudiéramos tratar a la atmósfera como un basurero gratis. También está claro que las fuentes de energía con baja emisión de carbono siguen siendo costosas y algunas tecnologías no han sido comprobadas a escalas relevantes. Por otra parte, un gran esfuerzo requiere una aceleración de la tasa de descarbonización. Eso no sucederá por sí mismo. Se necesita un empujón.

La combinación de precios más altos y el apoyo a las investigaciones de fondo deben resultar en dicho empujón. Felizmente, las pruebas sugieren que, ya sea por ignorancia o por inercia, los hogares y las empresas no están actualmente optimizando su consumo de energía. La combinación de precios más altos para el carbono y la regulación más firme podrían incluso ofrecer algunas agradables sorpresas: emisiones de carbono más bajas sin ninguna pérdida en la producción.

Supongamos que, a pesar de la lógica, resulte imposible alcanzar un acuerdo global relevante. ¿Tiene sentido para cualquier país o grupo de países tomar medidas firmes por su cuenta? Si el objetivo es hacer frente al cambio climático, la respuesta es: absolutamente no, a menos que los países sean China o EE.UU. De hecho, incluso si los países fueran China y EE.UU, no sería suficiente, ya que representan en conjunto sólo un poco más de las dos quintas partes de las emisiones globales. Pero podría ser posible que un país demostrase la prueba de concepto: que sí es posible que las economías crezcan rápidamente mientras reducen sus emisiones. Y al hacerlo, un país podría incluso, como algunos argumentan, lograr una ventaja importante en algunas nuevas -y relevantes – industrias.

En cualquier caso, algunos países tienen que hacer el intento. De lo contrario, si todo el mundo se queda con las manos en los bolsillos, los esfuerzos por lograr un acuerdo efectivo deben seguramente decepcionar.

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